Las mujeres de los billetes

Las mujeres de los billetes

Octubre 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Dos grandes mujeres estarán en los nuevos billetes que emitirá el Banco de la República: la antropóloga Virginia Gutiérrez de Piñeres y la pintora Débora Arango junto a los escritores Gabriel García Márquez y José Asunción Silva y los gobernantes Carlos Lleras Restrepo y Alfonso López Michelsen. Enhorabuena por la selección; por primera vez dos mujeres, estarán allí en las transacciones de todos los días.Se trata de dos mujeres trasgresoras y pioneras que sin discursos feministas ni retórica exacerbada abrieron con su creatividad y valor la trocha y mostraron el camino. Virginia Gutiérrez, una santandereana nacida en 1921, fue la primera investigadora en tratar de entender la familia como núcleo dinamizador de la sociedad. Recorrió la Colombia rural con una ruana y una hamaca en un momento en el que el espacio femenino se reducía al hogar. Anduvo veredas hablando con la gente en plena violencia identificando distintas clases de familias, de acuerdo a la idiosincrasia, las razas y la ubicación geográfica. Su metodología innovadora permitió avanzar hacia la comprensión de una identidad como nación y como sociedad, desde entonces aplazadas.. Su rostro sabio y sereno estará desde el año entrante en los billetes de $10.000.Una diminuta mujer que se expresaba con una fuerza inaudita en los colores y las formas, logró conmover la vida cultural de Colombia de mediados del siglo pasado. Se llamaba Débora Arango. La pacata sociedad antioqueña de los años 50 se estremeció con sus desnudos y quisieron censurarla a través de artículos de prensa, insultantes y ofensivos. La iglesia la excomulgó. Pero nada la detuvo. Decidió enfrentar el torbellino parroquial con afirmaciones convincentes y sinceras: “El arte, como manifestación cultural, nada tiene que ver con los códigos de moral. El arte no es amoral ni inmoral. Su órbita no intercepta ningún postulado ético”. Y se negó a cubrir con velos sus mujeres parturientas, arrugadas, dolidas, envejecidas, embarazadas, abandonadas, locas, maternidades que rompían la estética subliminal de la pintura decorativa de la época, de bellos y armónicos retratos de bodegones y paisajes. La suya era una pintura sin tapujos.Pero no solo desnudó el cuerpo humano. Desnudó la sociedad de su época. Dibujó escenas callejeras, en el manicomio, en el matadero municipal, la vida nocturna en los bares y establecimientos de mala muerte. La sátira alcanzó al clero. Llena de malicia se metió en conventos y pinta hermanas de la caridad, monjas intelectuales, místicas, monaguillos, vírgenes, retratos llenos de ironía y sátira, logrando un cuadro sublime y lleno de gracia, de un puñado de religiosas alrededor de un pájaro enjaulado que titula Las monjas y el cardenal. Conmovida por los sucesos trágicos del 9 de Abril y el asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, toma el pincel y con su fuerza inatajable deja un crudo testimonio de la violencia que vive. Inicia una etapa marcada por la crítica política en la que los protagonistas son militares, armas, sangre, multitudes, gallinazos, calaveras, animales feroces, batracios, dejaron una huella dura, inquisidora y crudamente realista que generó y aún genera rechazo, en un país acomodado en la desmemoria. Su cara estará en el billete de $2000. Dos mujeres que ayudaron a entender algo de quiénes somos.

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