Las canas jóvenes

Abril 22, 2016 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El senador Bernie Sanders quien compite con Hilary Clinton por la candidatura del Partido Demócrata me recuerda a nuestro querido y extrañado Carlos Gaviria. Su fuerza argumentativa, su fortaleza personal y su convicción ética les dan la fuerza a los líderes que necesitan las sociedades. Sus canas y su templanza generan respeto y despiertan un entusiasmo incontenible especialmente entre los jóvenes, capaz de sacudir la apatía, hacer de las verdades códigos de comportamientos y las convicciones puntos de referencia tan necesarios en momentos de desesperanza, de atonía moral y de confusión como la que azota al mundo contemporáneo.Son guerreros de ilusiones, incapaces de enfrentar el cálculo, el arrollador imperativo de la conveniencia y el oportunismo circunstancial de las mentiras y la mezquindad que rodean la política de la trivialidad y la manipulación. A sus setenta y punta de años guardan el vigor del activista juvenil limpio que conserva hasta en la potencia de la voz con una tenacidad que proyecta Senders y proyectaba Gaviria -triste es recordarlo- con una energía y un entusiasmo superior al de cualquiera de los recién inventados políticos, jóvenes en edad y viejos en pensamiento y actitudes vitales; aquellos que se pelean sin mayor futuro las plazas públicas o cualquier espacio nimio en los medios de comunicación.Muy seguramente Bernie Sanders será derrotado por Hilary Clinton como le ocurrió a Carlos Gaviria cuando no logró trasegar el espeso lodo de la contienda pública en su empeño por construir un país mejor. No pudo atajar, a pesar de lograr la mayor votación de un candidato de izquierda en la historia del país, la reelección de Álvaro Uribe. Su fallida experiencia política mostró que un pensador obsesionado con la conducta moral, con el discernimiento entre lo bueno y lo malo está condenado y termina sacrificado por en los conocedores de la mentira y la simulación.En ese circo de gladiadores de la política, el pensamiento coherente, responsable, ilustrado, sólido no sirvió de nada y terminó ahogado por los pequeños cálculos y los grandes egos e intereses personales. Carlos Gaviria terminó por morir como tantos hombres bien intencionados que han buscado cambiar la política para abrirle camino a un país distinto: solo, como un náufrago en medio de sus sueños.Como muy posiblemente le ocurrirá a Bernie Sanders, de quien se sabe con certeza no será el escogido para representar al Partido Demócrata pero ha dejado huella. Así gane, Hilary Clinton, ha quedado en esta campaña herida y cuestionada como líder; desnudada en su pequeñez frente a las denuncias de su complicidad con los poderosos de Wall Street a quienes les dictaba conferencias pagadas por ellos mismos para reconciliarlos con sus abusos; frente al cinismo con el que ha intentado inútilmente explicar su apoyo a George Bush en la demencial invasión a Iraq; desnudada en su ambición personal, en su codicia y su apetito incontenible de poder y riqueza para asimilarse a los poderosos que galopan en los antivalores que precisamente Bernie Sanders combate cada vez que puede.Sanders y Gaviria son de aquellos seres humanos que marcan y abren camino pero no están hechos para victorias efímeras. De no ser así, el mundo simplemente, sería distinto.Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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