La zancadilla

La zancadilla

Marzo 02, 2012 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Fueron sólo catorce meses los que estuvo Viviane Morales como fiscal general. Desde el día uno, en el que juró en la Casa de Nariño cumplir con la ley mostró el temple que nunca la abandonó. Y cumplió. Se aisló de los abogados, muchos de ellos colegas y amigos, para poder actuar en consecuencia. Y no se amilanó. Nunca antes se había visto un fiscal poniendo la cara imputándole personalmente cargos a ministros y funcionarios de primer nivel. Sin titubear acusó a Bernardo Moreno por su presunta responsabilidad en las chuzadas telefónicas a magistrados y líderes de la oposición en el gobierno Uribe, al exministro Andrés Felipe Arias por las irregularidades en los subsidios de Agro Ingreso Seguro y ni qué decir del valor con el que destapó el ‘carrusel de contratación’ de Bogotá que mandó a la cárcel al alcalde Samuel Moreno y a su hermano el senador Iván Moreno, así como a contratistas involucrados en la corrupción como los hermanos Nule, además de un puñado de funcionarios del Distrito.A Viviane Morales le debemos mucho. Demostró que la Fiscalía tenía todavía unos dientes que no le habían logrado amolar en sus casi 20 años de existencia en el que hemos visto de todo, aunque más sinsabores que conquistas de la Justicia. De los siete varones que la han dirigido ninguno se recordara como esta mujer, quien nunca se doblegó y marcó un punto de inflexión en la manera de actuar, lejos de cualquier complacencia. Pisó demasiados callos. Se metió con el poder del uribismo, con el de los contratistas movidos por poderosas oficinas de ingenieros que han capturado la construcción de infraestructura del país y el de los políticos atemorizados por las nuevas declaraciones de los paramilitares detenidos en las cárceles norteamericanas que empezaban a llegar producto de acuerdos de la Fiscalía con la Justicia norteamericana. Y se la cobraron. Nunca que se recuerde, el Consejo de Estado, donde permanece el resentimiento agazapado por la sustitución de terna para Fiscal que hizo el presidente Santos, había manejado un asunto con tanta celeridad. La que le falta a la hora de evacuar demandas de pérdida de investidura de congresistas o negocios asociados a la clase política, que finalmente es la que los elige. Los magistrados sirvieron de instrumento pero las intenciones de atravesársele venían de muchos flancos. Se trataba de ponerle una zancadilla para tumbarla. El primer envión fue en noviembre pasado con el cuestionamiento bulloso por su relación con Carlos Alonso Lucio. De manera inédita se utilizaron argumentos de la vida afectiva y personal para tratar de vulnerar su actividad profesional. Pero la estocada final estaba por venir. Y llegó, con una estrategia que liquidó la posibilidad de permanencia de Viviane Morales en la Fiscalía. El propósito es evidente: intentar frenar el ritmo de las investigaciones en curso y bloquear los procesos judiciales para abrirle la puerta nuevamente a la impunidad. Un golpe bajo que resultó efectivo. ¡Que barbaridad! Adendum: ¿Dónde se ha visto idea más peregrina y reveladora de la visión que tiene el expresidente Uribe de la justicia, como manguala con el poder, que la propuesta de cambiar la forma de elegir fiscal, para que sea el Presidente de la República el que lo nombre? Por algo será.

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