La última preocupación de Caballero

La última preocupación de Caballero

Diciembre 20, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Cali estaba siempre presente en la mente de ese reportero innato que nos dejó prematuramente: Antonio José Caballero. En lo alegre y en lo triste. En sus celebraciones pero también en sus reproches rabiosas. Lo vi por última vez hace poco en la presentación del libro El Delirio de Cali, el segundo tomo de la salsa visto por diferentes autores que acaba de editar la Fundación Delirio. Allí estuvo Caballero y comentó de su cáncer que avanzaba agresivo, pero no se sentía vencido, se alistaba a enfrentarlo con un aún más severo tratamiento. Habló con alegría de sus raíces en Santander de Quilichao pero de sus lazos con aquella música llegada del Pacífico que lo había contagiado para siempre.Pero al lado de esa Cali alegre está otra ciudad que lo atormentaba porque la sentía sucumbir en el horror de esa violencia agazapada que seguía poniendo muertos, muertos jóvenes en los barrios populares de Cali. “El arzobispo, monseñor Darío Monsalve, es el único que la tiene clara”, me dijo. Le había contado en una entrevista cómo en Cali se alquilaban y vendían armas que habían sido decomisadas con anterioridad por autoridades militares, pero que vuelven a manos criminales para asesinar a más personas, como si se tratara de una estrategia de alquiler o leasing de armas.Los sicarios matan prácticamente encubiertos, teniendo en cuenta que las armas que utilizan salen del Almacén de Evidencias del Ejército en la Tercera Brigada. En lugar de estar amparadas bajo buen recaudo, el desorden existente en la clasificación y archivo del material incautado además de otras posibles formas de corrupción involucradas permitía que estas fueran reutilizadas por las Bacrim, en la guerra del microtráfico. El Arzobispo creía que el tema ameritaba un debate y depurar las Fuerzas Armadas sin acudir a la actitud autoritaria de militarizar selectivamente los barrios populares. Soñaba con una gran campaña de desarme para crear espacios de convivencia y reconciliación social de la ciudad. Según Caballero la sonada matanza de la Barra de la 44 en la que murieron nueve jóvenes en pleno centro de Cali, confirmaba la denuncia de monseñor Darío Monsalve. En la escena del crimen había aparecido una pistola Clock 17 con un proveedor especial con capacidad para disparar 30 tiros, que había sido decomisada en tres ocasiones anteriores. Su primer dueño, quien la tenía debidamente legalizada con salvoconducto, era un temible narco que fue hallado muerto con 20 tiros después de un ajuste de cuentas.Ese era Antonio José Caballero, un reportero nato de los que tanto escasean, que andaba con una pequeña grabadora de bolsillo y ante la primera oportunidad la prendía para, con previo permiso, arrancarle el testimonio al hombre sencillo, al influyente o poderoso. Así había ocurrido con el Arzobispo, a quien percibió tremendamente solo. Como esta son muchas las anécdotas que revelan su compromiso con la verdad, con los problemas de la gente, a quienes escuchaba con respeto y luego transformaba con su particular sensibilidad en unas impactantes crónicas radiales. Los asistentes a su funeral le reconocieron tanta nobleza y humanidad, con un inmenso aplauso de despedida. Se fue, eso sí, cargado de voces, de historias de un país que llevaba en el corazón.

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