La toma mafiosa del Valle

Julio 06, 2012 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El fraude electoral con el que los Juan Carlos, Martínez y Abadía, pretendían retener la Gobernación del Valle para sus amigos políticos del MIO, no sólo resulta un plan macabro sino que confirma la toma de la política del Departamento por los intereses mafiosos. Por la información que han aportado los involucrados en el plan que están detenidos, se sabe que eran conocidos de Abadía y que muy probablemente ya habían intervenido en resultados electorales anteriores, en el entendido de que para ellos la política es una inversión que se recupera de sobra con contratos y prebendas.La dupleta de los Juan Carlos es incansable en sus propósitos. Martínez tenía instalada en su casa de Altos de Arroyondo, una sede de campaña alterna por la que desfilaban sus fichas políticas y donde actuaban, como se escucha en las grabaciones, como un verdadero capo di capi: un patrón. La fórmula de plata y trampa funcionó como un relojito con Abadía en las elecciones del 2007 cuando además lograron controlar el 60% de los municipios cuyos alcaldes fueron los mismos que acudieron a la cita en Rozo para apoyar la candidatura presidencial del hoy detenido exministro Andrés Felipe Arias y que le costó el cargo, por sanción de la Procuraduría, a Juan Carlos Abadía. Fórmula que le funcionó con Héctor Fabio Useche y que repetiría con el recién inventado candidato Francined Cano. Esta es la herencia que le dejaron a Cali y el Valle los hermanos Rodríguez Orejuela y su cartel, cuando capturaron a punta de billete a los barones electorales del Valle y que tomó la forma del Proceso 8.000, momento en que los narcos sintieron que habían coronado con Ernesto Samper en la Presidencia. Una connivencia con la ilegalidad que con su complemento natural, su matriz y sustento: la corrupción, enredó a la gran mayoría de políticos del Valle. De esas aguas bebió Carlos Herney Abadía, padre del exgobernador, y también Juan Carlos Martínez quien le cargaba el maletín hasta que terminó heredándole el movimiento. En el mismo cedazo pareciera haber caído otra pariente de los Abadía, la mayor electora del Valle, Dilian Francisca Toro, a quien la Corte acaba de llamar a responder por delitos afines. Un comportamiento que tristemente se generalizó, que ha fracturado la sociedad vallecauca y que le abrió el camino a una narco mentalidad regida por la lógica perversa del cómo voy yo (c.v.y) en la que el dinero, consígase cómo se consiga, actúa como único motor de vida, convirtiendo los presupuestos públicos en un botín a merced de gobernantes y contratistas, funcionarios públicos, constructores o comerciantes, negociantes o políticos. Dinero a rodos que se esfumó como burbuja sin construir riqueza, ni capital social, ni desarrollo urbano, ni progreso ni en Cali ni en el Valle. Intereses personales que arrasaron con los propósitos colectivos que en alguno momento rigieron la región, sepultados hoy en un torbellino de confusión. La política dejó de ser el arte de trabajar por el bien común para convertirse en el arte de trabajar en beneficio propio. Un deterioro moral que sólo la ciudadanía puede detener, con expresiones como las del voto en blanco que tomó forma tímidamente el domingo pasado. Es demasiado el camino que hay aún por recorrer.

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