La reconquista de Colombia

La reconquista de Colombia

Diciembre 11, 2015 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Un joven paisa, Carlos Orlas, formó parte de los expedicionarios que han iniciado recorridos por zonas tan hermosas como solas, controladas hasta hace poco por grupos armados legales e ilegales. Se trata de realizar un viaje a pie, en canoas, en mula, por la Colombia olvidada. Forman parte de la Legión del Afecto, una fuerza juvenil de resistencia con creación, baile, divertimiento, alegría en medio del conflicto, de las balas, de los odios, de las detenciones, de las persecuciones en el país rural y los barrios más duros de las ciudades. Son tres expediciones en grupos de 150 muchachos, anónimos y colectivos caminantes por la Serranía de la Macarena, las montañas del oriente lejano de Antioquia y Caldas, el territorio de Karina y la de Orlas por el río Atrato. Serán una brújula de ese país que empieza a brotar, vivo pero aún plagado de desesperanza. Quiero cederle la palabra, como lo haré con muchos que puedan ayudarnos a ver un país distintos, con humildad y sencillez, sin prejuicios ni enconos para que sean su narración simple la que nos ayude a abrir los sentidos. Es solo un breve párrafo de lo mucho que contó con asombro: “Recorrer un río que arrastró tanto dolor, tanta riqueza, tanto muerto, tanto pillaje y tanto exilio significa, para mí, remontar el río de nuestra propia historia. Soy descendiente de una familia obrera en las bananeras del Urabá. Un tío, sindicalizado, sufrió la mano dura del paramilitarismo que exterminó miles de personas en los noventa para hacerse con el botín de un territorio biodiverso y lleno de riquezas, con salida a los dos océanos. Vamos a hacer esta expedición por el Atrato, y las otras por otros rincones del país, con jóvenes de toda Colombia, con el propósito de cantarle al río, olerlo, verlo, sentirlo, sacralizarlo y donde se pueda, limpiarlo. Si río se sana, hombre se sana, decía un indígena Arhuaco de la Sierra Nevada. Un canto con su vibración ya comienza a limpiar el agua. Se verán balsas de los sueños surcando estas profundas aguas que tanto tienen que contar. Porque el agua tiene voz. Esta expedición de la Legión del Afecto por río y mar Caribe (subiendo desde Turbo hasta Capurgana y Sapsurro, frontera con Panamá) quiere escuchar esa voz de los ríos y de sus almas vivas: las comunidades negras que lo surcan a diario, se bañan en él, viven en él. Las mismas que en su momento huyeron de la guerra desde varios rincones de Chocó para llegar a Turbo y asentarse allí, sin dejar de ser negros. En Turbo nos encontramos con los jóvenes del Bosque, un barrio donde se enfrentan a machete con los del El Obrero, Manuela Beltrán y Brisas.Por acá queremos integrarnos entre los barrios pero a veces es duro porque la cadena de venganzas no para. No podemos dar la espalda. Para lograr esto tenemos que sentarnos a dialogar frente a frente con nuestros ‘enemigos’, pactar la no agresión. Nos sanemos de la desconfianza que no deja vivir en paz. Y así como se negocia en La Habana, pequeñas grandes guerras se pueden ‘negociar’ en los barrios si se les da a los jóvenes la oportunidad de asumir su destino común. Sin desconfianza. Queremos recuperar el derecho ancestral a vivir en paz”. Y tiene razón. Un mensaje que cae bien como un buen augurio en esta Navidad que comienza.

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