La rapiña por el poder en Bogotá

La rapiña por el poder en Bogotá

Marzo 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

La avivatez y la angurria con la que ha actuado el gobierno de Juan Manuel Santos frente a la destitución e inhabilidad del alcalde electo Gustavo Petro es patética. La primera movida que lo dejó en evidencia fue negarse a acatar las medidas cautelares que le aseguraban la permanencia al Alcalde hasta que no hubiera un fallo de fondo. Vino luego el nombramiento veloz de Rafael Pardo, un nombre que cayó bien, que llegó acompañado de un Consejo de Ministros dominical en el que se tomaron decisiones sobre la ciudad, como si se fueran a quedar gobernando. Como sacado del sombrero del mago, el Ministro de Hacienda apareció con presupuesto de inversión por un billón de pesos que le permitió anunciar al Presidente con bombas y platillos que ahora si, como por arte de su magia y su ambición reeleccionista, Bogotá sí iba a marchar. Las ganas de atornillarse Santos y Vargas Lleras en el sillón de Petro para convertirla en botín electoral son repugnantes. La última es el carameleo con la terna que presentaron los Progresistas, ponerle peros y pedirle leguleyadas al Consejo Nacional Electoral para ganar tiempo. Legalmente el Alcalde de transición que no estará más de 90 días en el cargo y que convocará a las elecciones tiene que ser de la cuerda política de Petro y punto. Cualquier intento de ponerle zancadilla es vulgar trampa, es ilegal e inaceptable y el Presidente tiene que escoger al Alcalde encargado de los nombres que ellos presenten. Petro puede tener todos los defectos, autoritario, arbitrario, mal gobernante, mal ejecutor, lo que sea, pero salió elegido con un programa de gobierno. Fueron muchas sus iniciativas positivas que no logró ejecutar. Van un par de ejemplos. Parecía que finalmente un alcalde iba a liderar el necesario reciclaje de las basuras domiciliaria, paso fundamental para lograr su programa Basura Cero. Exigía eso sí una campaña de educación ciudadana previa a cualquier anuncio o discurso. Una acción participativa e incluyente como le gusta a Petro, que vinculara a juntas de vecinos, de acción comunal, de copropietarios, a los jóvenes en los colegios, a los medios de comunicación, especialmente los locales y comunitarios. Y después, asegurar el seguimiento con informes sobre avances y tropiezos. Pero solo se supo, e informalmente, que habría bolsas negras y bolsas blancas, una separación que no valía la pena hacer por que todas iban al mismo compactador. Una buena y necesaria idea enterrada en el despelote del basurero distrital.Fue muy buena idea de intentar, para evitar el clientelismo y la politiquería, trabajar con el Concejo al “estilo europeo”, es decir interactuar con bancadas. Y así empezó a trabajar Antonio Navarro como Secretario de Gobierno. Petro quería construir gobernabilidad a partir de acuerdos programáticos sobre asuntos medulares de la “agenda de la ciudad” que fueran firmados por bancadas y no con concejales aislados, que deben ser precisos y públicos. Ante la imposibilidad de lograrlo, Petro casó pelea con el Concejo y se aisló dejando al garete político y de la opinión muchas de sus ideas que están en el Plan de desarrollo y que se debían aprovechar con sensatez por quien lo suceda y no darle un zarpazo a lo construido, como lo pretende hacer la angurria reeleccionista.

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