La premonición

La premonición

Enero 25, 2018 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

En la noche del 27 de septiembre del 2016, después de la firma del Acuerdo de Paz en Cartagena, cuando el júbilo entre los 5000 asistentes nacionales e internacionales era inocultable, un grupo de periodistas tuvimos la posibilidad de desplazarnos al lugar donde permanecían comandantes y guerrilleros de las Farc, un antiguo convento cerca de Turbaco. Era la oportunidad de registrar de primera mano la reacción de los del otro lado. Allí estaban. No era un reposo; no había tanta alegría.

Habían pasado la mayor parte de sus vidas, entre treinta y cuarenta años, en la hostilidad de la selva, con un fusil, alzados en armas como miembros de las Fuerzas Revolucionarias de Colombia. La celebración del gobierno, presidentes de varios países con el secretario de Estado de Estados Unidos John Kerry y el Secretario general de la ONU Ban Ki-moon, a la cabeza, representantes de cientos de países, invitados de distintos sectores y regiones, nada tenía que ver con el ambiente del otro lado. En el entorno de las Farc había preocupación. Incertidumbre.

Un sentimiento que resumió en una expresión espontánea y tal vez rabiosa el comandante Jesús Santrich: ¡Nos van a matar! Lo dijo sin cálculo, sin reservas, sin filtros. Una exclamación que lamentablemente se volvió una premonición. Santrich es uno de los ex comandantes de las Farc que aspirará a llegar al Congreso como representante a la Cámara por el departamento de Sucre, su tierra. Espera sobrevivir a la campaña.

En un año de la implementación fallida del Acuerdo Final las cifras de muertos son penosas. Suman 46 los ex guerrilleros de las Farc asesinados. Las situaciones más graves se han dado en Antioquia, con 11 muertes; 15 en Nariño, casi todos en el conflictivo Tumaco y 5 en el Cauca, donde esta semana fue acribillado el hermano del alcalde Timba. Y esto sin contar los líderes campesinos o simples pobladores quienes llevan el peso del conflicto a sus espaldas. Como ocurrió con los asesinatos selectivos de la UP que se llevaron por delante a más de 1000 militantes en todas las regiones del país, nadie sabe finalmente quién dispara.

El muro de odio e intolerancia que además se expresa en la sucia y virulenta campaña electoral que comienza, sigue en pie como barrera que se resiste a aceptar que guerrilleros sin armas defiendan sus ideas y propuestas en el marco democrático y den la pelea en las urnas, pero que además tienen como cualquier ser humano derecho a tener una vida digna.

Resulta inaceptable que como sociedad, como país, no podamos garantizar la reincorporación de 15.000 personas, los guerrilleros que se acogieron al proceso de paz. La mayoría de ellos habitantes del campo donde pretenden rehacer la vida.

La improvisación es evidente. Después de cuatro años de negociación en La Habana, se centraron los esfuerzos en asegurar la firma del Acuerdo sin pensar en el día después. El gobierno no se aplicó en planear con oportunidad y eficacia la manera como el Estado debía obligatoriamente copar las zonas dejadas por las Farc para contener la ocupación por parte de la ilegalidad, llámense Clan del Golfo, Autodefensas Gaitanistas o la sigla con la que se quieran camuflar los horrores. Sin embargo el asunto no es solo de Santos y la incompetencia para implementar lo firmado, sino de todos, como colombianos, como sociedad.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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