La opinión y la esquiva paz

Septiembre 07, 2012 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Pasaron más de diez años antes de que en Colombia se volviera a hablar de posibilidades de diálogo. La volátil opinión pública, la misma que lleva años viendo a las Farc como un grupo terrorista temible y amenazante, esa opinión pública que abogaba hace nada por la aniquilación total del último guerrillero se muestra ahora abierta a apoyar un proceso de paz. ¡Enhorabuena! Pero ojalá no sea entusiasmo efímero porque el camino apenas comienza y los obstáculos serán mayúsculos. Para empezar creo que hay poca conciencia de lo que puede costar la paz y los espacios de poder que necesariamente habrá que ceder. La paz cuesta. No será un simple saludo a la bandera y los 50 años de guerra de las Farc, no los van a entregar gratis. La guerrilla sabe lo que quiere y va a intentar unos cambios de fondo. En su mensaje desde las montañas de Colombia, ‘Timochenko’ habló con elocuencia sin retórica marxista leninista, ni mencionó el socialismo, ni habló de propiedad privada, ni restregó con resentimiento la brecha de ricos y pobres. Habló de justicia social, las modificaciones del modelo económico para que conduzca a una sociedad más equilibrada. Más un discurso coincidente con la doctrina social de la iglesia que el de un guerrillero en armas, pero tocó puntos cruciales como el de la tierra (los voceros en Cuba hablaron de reforma agraria), como el de la urgencia de que llegue desarrollo social a los pueblos perdidos en el campo colombiano. Reivindicó las décadas de lucha armada, las movilizaciones sociales y recordó el listado de comandantes caídos. ‘Manuel Marulanda’ estuvo siempre presente en el backing de su discurso. Si los diálogos pelechan hay que prepararse para ver a los comandantes haciendo política. En la plaza pública, en el Congreso, en alcaldías y gobernaciones, como sucedió con el M-19 que ha tenido parlamentarios, ministros, gobernadores y ahora con Gustavo Petro el segundo puesto de elección del país. Y permitir el ingreso de los guerrilleros a la vida legal y que participen del juego democrático sin matarlos, sin que se repita la penosa historia de la UP cuando el primer intento de paz en el gobierno de Belisario Betancur hace ya casi 30 años, que dejó una estela de muerte de 20.000 militantes de ese movimiento producto de los acuerdos de paz. Dos de cada tres colombianos están de acuerdo en que los guerrilleros tengan una salida política para que dejen las armas. Del narcotráfico no habló ‘Timochenko’ pero si el presidente Santos que lo presentó entre los temas de la agenda. Ojala no esté pensando con el deseo porque las Farc sólo hablaron de “sustitución con planes integrales de desarrollo” y “solución del fenómeno de producción y comercialización de narcóticos”, de manera ambigua y general. Como puede ocurrir también con el tema crucial de la dejación de armas. Las Farc lo omitieron tanto en el discurso de ‘Timochenko’ como en la rueda de prensa de los negociadores en La Habana. Un punto espinoso, indispensable de asumir para avanzar con pie firme. Empieza el proceso sin cese al fuego, con una expectativa que todavía no ha adquirido la forma de la palabra clave en esta apuesta: confianza.

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