‘La maleta de mi padre’

‘La maleta de mi padre’

Abril 19, 2018 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

Con ocasión de la Feria Internacional del Libro de Bogotá cuando sale a la luz pública la gran cosecha del trabajo paciente de cientos de escritores, releí el discurso de Orhan Pamuk cuando recibió el Premio Nobel de literatura en el 2006.

Se trata de una hermosa pieza titulada ‘La maleta de mi padre’ en que el escritor turco le hace un bello homenaje a su padre y a través de él al oficio de escribir. Desde niño Pamuk vio a su padre atesorar cuadernos con notas en una maleta que nunca desamparó. Cuando murió la pudo abrir. Allí estaba el alma de su padre, sus sentimientos profundos, su pensamiento, sus visiones de ese trasegar por una Turquía rota buscando su camino entre Oriente y Occidente. Los secretos guardados en esa maleta le ayudaron a entender a Pamuk el sentido de las palabras para los seres humanos y de allí su reflexión profunda sobre la naturaleza de la escritura, del amor a los libros y del propósito de la literatura.

El discurso del Nobel fue la oportunidad para derrotar la melancolía en un gran día en el que no pudo estar su padre. Y lo dijo todo: Un escritor es alguien que pasa los años descubriendo pacientemente su segundo ser dentro de sí y el mundo que lo hace ser lo que es: cuando hablo de la escritura lo que primero pasa por mi mente no es una novela, un poema o la tradición literaria, lo que veo es a un persona encerrada en un cuarto, sentada en una mesa que sola va hacia dentro de sí y entre sus sombras construye un mundo nuevo con palabras.

De tiempo en tiempo tal vez se levante de la mesa para mirar por la ventana hacia los niños jugando en la calle, y si corre con suerte hacia los árboles y un paisaje, o puede atisbar un muro negro, enfrentado siempre a la difícil tarea de sentarse a la mesa y con paciencia ir dentro de sí.
Escribir es convertir este meterse dentro de sí en un atisbo de palabras para estudiar el mundo al que esa persona va cuando se retira dentro de sí mismo, y hacerlo con paciencia, obstinación y alegría.

Mientras me siento en mi mesa por días, meses, años, con morosidad agregando nuevas palabras a la página vacía, me siento creando un mundo nuevo, al tiempo que voy hacia la otra persona dentro de mí, del mismo modo en que alguien construye un puente o un domo, piedra a piedra.

Las piedras usadas por nosotros los escritores son las palabras, las sostenemos en nuestras manos, sintiendo la forma en que cada una de ellas está conectada con las demás, mirándolas desde la distancia, algunas veces casi acariciándolas con nuestros dedos y puntas de nuestros esferos, pesándolas, moviéndolas, durante años y años, con paciencia y esperanza nosotros creamos nuevos mundos.

El secreto del escritor no es la inspiración, es su terquedad, su paciencia. Ese adorable aforismo turco -cavar un pozo con una aguja- parece a ver sido dicho teniendo a los escritores en mente.

Creo en la literatura como el tesoro más valioso acumulado por la humanidad en su búsqueda por entenderse.

Para mí ser escritor es reconocer la heridas secretas cargadas dentro de nosotros, heridas tan ocultas que apenas tenemos conocimiento de ellas y exploramos con paciencia, las conocemos, las iluminamos para poseer estos dolores y estas heridas. Como las que dejó su padre en la maleta, como las que dejan tantos escritores en sus libros.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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