La locura y la política

La locura y la política

Mayo 13, 2011 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

La obsesión del ex presidente Uribe por tapar el sol con las manos abruma. Negar que hay conflicto armado en Colombia es un ejercicio de retórica banal, típico de los políticos y muchos gobernantes que creen que las palabras definen la realidad. El ex presidente Álvaro Uribe tenía una idea fija respecto del tema, tanto que durante su gobierno prohibía que en los documentos oficiales destinados a buscar apoyo internacional apareciera la expresión conflicto armado. Imagino la complicado que debió ser para los donantes europeos recibir solicitudes de apoyo en recursos para la reinserción de ex paramilitares o ex guerrilleros desmovilizados o para rehabilitar niños víctimas de minas quiebra patas, mientras el propio Presidente negaba las causas que habían ocasionado la existencia del problema. Si no hay conflicto armado en Colombia, ¿por qué el presupuesto para la defensa y la seguridad asciende a $59 billones en los próximos cuatro años, en vez de destinarlos al desarrollo del país como sucede en el mundo civilizado? ¿Por qué se recurre a una permanente cooperación militar internacional y se acuden a armas cada vez más sofisticadas? ¿Para qué se grava con un impuesto de guerra? ¿Por qué uno de los programas prioritarios del gobierno Santos es la restitución de tierras a unos dueños a quienes les han despojado más de 2 millones de hectáreas? ¿Por qué somos el país con uno de los mayores desplazamientos internos del mundo con cerca de 3 millones de personas que han sido forzadas a abandonar sus tierras, muchos de las cuales han terminado refugiadas en los países de la frontera como Ecuador o Venezuela? ¿Por qué se reconoce la existencia de un desplazamiento forzado masivo de 75.000 comunidades? ¿Por qué el servicio militar obligatorio es un imperativo que nadie puede pensar en replantear, con un ejército de 400 hombres, siempre en aumento, sin considerar alternativa distinta para los jóvenes más pobres y de las áreas rurales? ¿Por qué se reconocen 30.000 desaparecidos en estos veinte años de enfrentamientos con grupos ilegales guerrilla, paramilitares y narcotraficantes, y han aparecido 3.000 fosas comunes identificadas por los propios paramilitares? ¿Por qué se han reportado 2.500 masacres en las que han sido asesinadas 14.000 personas y se habla de la desaparición forzada de cerca de 35.000? ¿Y por qué Naciones Unidas y las demás agencias han mandado relatores y representantes para encarar la violación de derechos humanos? No entiendo la lógica de los gobernantes que rehuyen a encarar la realidad y prefieren los debates sofistas. Esquizofrenia política, no hay otra manera de llamarla. Adendum: Cuando por primera vez en décadas, aparece un Procurador como Alejandro Ordoñez decidido a enfrentar lo que él llama “bomba atómica contra la moral pública”, le resultan de inmediato señalamientos dizque por abuso de autoridad. Por el contrario, Ordóñez tiene clara la responsabilidad por acción u omisión de quienes tienen el compromiso de defender el interés público, hoy amenazado por una caterva de corruptos que se reproduce como plaga. El Procurador ha sido especialmente drástico con los funcionarios de alto nivel a quienes se les obliga un comportamiento ejemplar. Y ha dicho: cuando la sal se corrompe...

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