La ley del atajo

Marzo 25, 2011 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Ya no caben en la cabeza los ceros, es decir, los millones de pesos que mueve la contratación de obras civiles en el país. El superintendente de sociedades, Luis Guillermo Vélez, tiene el ojo puesto en los nuevos emporios de ingeniería, un verdadero enjambre legal a través del cual han logrado monopolizar la contratación de obras públicas en el país. La pirámide que armaron los Nule, un carrusel de anticipos cuyas inversiones las desviaban, cambiándole sistemáticamente la destinación, pusieron en evidencia la manera como operaban y su interacción con las entidades responsables de administrar y supervisar los contratos. El Superintendente tiene en la mira al grupo de los Solarte, a quienes se les adjudicó, sólo con la Ruta del Sol, un contrato de $3,8 billones. Esta familia de ingenieros nariñenses es de lejos la empresa de ingeniería con más contratos propios o a través de alianzas y consorcios. El Superintendente mencionó también a Vergel y Castellanos. Se percibe firme y con ganas de enfrentar a los monstruos de la contratación para impedir que se repita el crecimiento demencial y descontrolado, viciado de principio a fin, de los Nule. Vamos a ver hasta dónde llega. Por el momento son mucha las lecciones aprendidas sobre las deficiencias en la contratación pública que han permitido que se cuelen pícaros y avivatos. Tienen igual responsabilidad los funcionarios de las entidades públicas que toman las decisiones como los contratistas del sector privado, que son los que pagan las coimas y con complicidad ajustan los pliegos de condiciones. Es común encontrar que éstos están previamente direccionados y que en los incisos y la letra menuda están las claves. A Miguel Nule le reconocían su expertismo en ganarse las licitaciones para después entrar a mirar la organización del trabajo, cuando debería ser al revés. De darse su condena sería un precedente importantísimo para romper el amarre del tome y dame del que está plagado el país a nivel municipal, departamental y nacional. Es común escuchar las quejas de profesionales que buscan participar en licitaciones y descubren rápidamente que éstas están de antemano amañadas. Ésto se solucionaría con unos pliegos universales, unificados y simplificados que impidan la escogencia a dedo del contratista, arropado en la farsa y la parafernalia de concursos y licitaciones. Se ha puesto al descubierto el mecanismo de las sociedades de papel, de los testaferros y los ‘chivos expiatorios'. En Cali ha hecho carrera en la administración de Ospina la modalidad de la contratación interadministrativa como un mecanismo para evadir los procesos licitatorios, para lo cual han utilizado la Empresa Municipal de Renovación Urbana, que por su condición de Empresa Industrial y Comercial del Estado puede celebrar contratos en forma directa. El último fue el plan parcial de Ciudad Médica por un valor de $7.000 millones. La ejecución de las obras de valorización están envueltas en un halo de misterio que despierta suspicacias. Los rumores rodean al alcalde Ospina, el amiguismo a la hora de tomar las decisiones, los parientes que merodean, sin cargos, toman decisiones y dan órdenes sin responsabilidad, pero con propósitos claros. La ley del atajo sigue mandando en el país y la honradez y la rectitud son, tristemente, valores de un pasado demasiado remoto.

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