La isla de las sorpresas

Abril 17, 2015 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

La creatividad combinada con la decisión política suelen producir cocteles con sorprendentes resultados. Y esto es lo que está ocurriendo en Cuba. La tímida apertura que inició Raúl Castro hace ya ocho años cuando sucedió a su mítico hermano empieza a producir resultados. Fidel se había ido convirtiendo en un obstáculo contaminado de una retórica incapaz de reconocer la necesidad de unos cambios urgentes que pedían a gritos sus coterráneos, cada vez más empobrecidos. El primer timonazo fue abrirle espacio a pequeñas iniciativas para prestar servicios personales. Así nacieron los paladares, restaurantes familiares de todas las sazones que atendían inicialmente en modestas viviendas. Siguieron las peluquerías y zapaterías; los afiladores; vendedores de galletas y dulces, de libros viejos; mecánicos -los mejores del mundo que volvieron de lujo los automóviles años 50-, moto taxistas, choferes y músicos que se multiplican por centeneras por cuenta de ese talento innato que duerme en el alma de cada cubano. Con la gracia Caribe que no tiene nacionalidad, los cubanos se inventaron la palabra el “cuenta propismo”, es decir el trabajo por cuenta propia donde gobierna la creatividad sobre un capital mínimo. Sorprende la explosión de pequeños negocios hechos con las uñas. El único servicio que sigue restringido es el internet porque como todo gobierno autoritario, los Castro le temen a la libertad de expresión e información y el posible efecto bumerang que puede desbordarlos.De este triunfo de la iniciativa privada y el empuje individual sobre los intentos de estatización del fallido experimento socialista, ha ido surgiendo una nueva Cuba. En La Habana empieza a respirarse un aire fresco en un entorno natural inigualable, con una gente acogedora y grata y una envidiable riqueza urbana. El congelamiento en el tiempo que produjo los años de la revolución se convirtió en una talanquera para la especulación inmobiliaria y evitó que los urbanizadores reemplazaran con edificios y rascacielos estandarizados de la arquitectura colonial, neoclásica, republicana y modernista que aún permanece en pie, deteriorada en amplios sectores de La Habana vieja pero sólida y casi intacta en El Vedado, Miramar y El Laguito.Por esas paradojas de los procesos sociales, los campesinos son los nuevos ricos de Cuba. Gracias a la apertura en el sector rural, los campesinos asociados en cooperativas han tenido acceso a la tierra a través del alquiler, pero sobre todo se les abrió la oportunidad de poder comercializar los productos. Cuba importaba incluso productos perecederos cuya oferta era regulada a través del subsidio alimentario generalizado para toda la población. Los cultivadores de tomate, ajo, lechugas, vegetales no solo le venden al Estado sino en los mercados locales, a hoteles y paladares. Los ‘cuentapropistas’ están gravados con un impuesto del 30% sobre los ingresos, sin que esto sea barrera para avanzar productivamente y forzar a construir un modelo para la transición.El espaldarazo de Barack Obama ha ayudado a completar el cuadro de expectativas. En los hoteles de La Habana se respira una dinámica cosmopolita de turistas norteamericanos, cubanos y europeos. Señales todas de que Cuba va entrando en el circuito de los nuevos destinos turísticos del mundo.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad