La Gina Parody que admiro

La Gina Parody que admiro

Agosto 19, 2016 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Allí estaba de nuevo Gina Parody el pasado miércoles 18 de agosto, frente a la Plenaria del Senado como una voz solitaria haciendo respetar sus convicciones. Esta vez expresando su posición frente a la necesidad urgente de que en Colombia se respete la diversidad, la diferencia, el derecho de las minorías -llamense comunidad Lgtbi, afros, indígenas, discapacitados- a tener un espacio digno con plenos derechos en la sociedad. Fue valiente. Porque se requiere coraje en un país gobernado por los prejuicios, pararse frente a un Congreso polarizado a defender pública y frontalmente, y asumir rompiendo tabúes sin titubeos su condición sexual: soy lesbiana. Y fue más lejos cuando se atrevió a afirmar que había pagado un alto costo por pertenecer a la comunidad Lgtbi, realidad personal que exacerbó los odios y polarizó aún más las marchas con las que miles de personas expresaron su desacuerdo con las famosas cartillas de orientación sexual. El tenor de los insultos en pancartas y consignas podrían constatar su tesis.Pero no es la polémica alrededor de las cartillas el tema y los errores que pudieron haberse cometido y que abrieron, y con razón, la polémica frente a hilo delgado que separa la intervención del Estado en la educación de los niños y la responsabilidad irremplazable de los padres de familia frente a la formación de sus hijos. Sano debate que habrá de profundizarse y que no debe solucionarse de manera facilista archivando el costoso esfuerzo invertido en las cartillas simplemente para aplacar la furiosa reacción de la gente.Pero la verdad, lo que me impacto fue el carácter y temple de Gina. Compartió en un auditorio adverso y frente a los televidentes, las difíciles circunstancias que viven quienes asumen una condición sexual distinta, enfrentados al cruel matoneo y la burla desde la infancia, en la juventud o en la vida adulta y profesional. Todo para ellos, como para las minorías, es doblemente difícil.Sin vergüenza, sin culpas, en un lenguaje ajeno a los políticos, extraño en el recinto de la retórica y las verdades a medias, de las evasivas y de las conveniencias, Gina relató su historia con la que se debieron identificar miles de personas de la comunidad Lgtbi. Gina no se estaba victimizando como le señalaron agresivamente distintos senadores; ella es víctima, como tantos otros, de los prejuicios de sociedades como la nuestra en donde convivir con la diferencia y respetarla a fondo es aún un camino que está por recorrer. Era la misma Gina que sorprendió al país, cuando como joven senadora en el 2004, alzó su voz para oponerse a la presencia de los jefes paramilitares -Mancuso, Ernesto Báez y Ramón Isaza- en el recinto del Congreso. Solo ella y Rafael Pardo tuvieron el valor civil que requería oponerse a aquella vergonzosa abyección parlamentaria. Voces solitarias frente a unos congresistas embelesados los unos, o acobardados los otros, que legitimaron entonces la llamada parapolítica. Ese día, ambos tomaron distancia política del Presidente y Gina se apartó de su mentor.El coraje de entonces tomó nuevamente forma en la embestida de la intolerancia que la llevó a hablar el miércoles pasado con la fuerza de la convicción, la única que finalmente rompe barreras y abre camino. Mis respetos.Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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