La frustración del periodismo

Noviembre 28, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Estuvo en Bogotá Edwin Plenel, el periodista que creó y dirige el medio más influyente de Francia: el portal digital www.mediapar.fr. Plenel estuvo durante 25 años en Le Monde y llegó a ser el editor general hasta cuando el prestigioso diario sucumbió ante la presión del gran capital. Le Monde nació con la liberación de Francia de la ocupación Nazi en 1944, fue la publicación insignia en la era del Gaullismo y durante décadas la referencia del pensamiento progresista francés. En el 2004 la crisis de los impresos forzó la decisión de venderlo y después de duros debates internos que comprometían la eterna dialéctica del negocio de la información gerencia y números Vs independencia editorial, terminó en manos de tres polémicos empresarios. Ajenos al periodismo pero exitosos en sus negocios, aunque cuestionados incluso por maromas financieras non sanctas. Un buen grupo de los veteranos se retiró. Entre ellos Edwin Plenel quien antes que sucumbir fundó, con el criterio de periodismo de calidad y rigor investigativo www.mediapar.fr. La crisis del entorno mediático francés y la propuesta periodística que ha llevado a destapar escándalos como de los vínculos de políticos, con el expresidente Sarkozi a la cabeza, con la heredera de Loreal y la mujer más rica de Francia, Liliane Betancourt, produjo un fenómeno impensable: contar con 105.000 suscriptores, que le han permitido sobrevivir con una planta de 60 periodistas y generar utilidades que se reinvierten en la producción de contenidos. Plenel no solo tiene en su haber este éxito, envidia de cualquiera, sino que se ha convertido en un entusiasta impulsor del “sí se puede construir una información independiente”. Esto en Colombia resulta quijotesco y es evidente en los esfuerzos de los portales digitales alternativos. En el horizonte del periodismo convencional, todos los medios tienen dueños con intereses en otros sectores productivos con lo cual la información termina condicionada y termina gobernando el tapen-tapen. El ejemplo más aberrante es la compra que hizo Luis Carlos Sarmiento y El Tiempo. Escuchar a Plenel confirma el mal momento por el que atraviesa el periodismo nacional, sin novedad, sin rigor investigativo ni independencia para generar contenidos de calidad propios, precisamente cuando las circunstancias de una corrupción galopante y una cultura mafiosa reinante, lo reclaman a gritos. La captura de lo público por los negocios privados son el pan de cada día. Descarados. Los entramados del poder en Colombia, el manejo de los billonarios presupuestos en el sector de la infraestructura, de vivienda, del transporte público, de la minería, de los subsidios y el mega presupuesto que maneja sigilosamente las Fuerzas Militares con el pretexto de estar en medio de un conflicto, están por revelar. La vocación del poder es el secretismo, mantener ocultos protagonistas y hechos, y el de los periodistas develar. Lo segundo no se está haciendo. El malestar ciudadano reclama y prende diariamente las alarmas, pero no es fácil concretar las denuncias porque cada día los vericuetos son más espesos y las rutas de los hallazgos más tortuosas. Nada de esto es disculpa. Lo que sí me queda claro y no me avergüenza reconocer es que escuchar a Plenel deja el amargo sabor de la frustración.

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