La deuda pendiente

La deuda pendiente

Agosto 21, 2015 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El dato ya de hecho resulta increíble: 45 años para que Colombia tuviera un censo agropecuario. Los mismos que lleva el conflicto colombiano, cuyo epicentro ha sido ese mundo rural lleno de contradicciones y desigualdades. El esfuerzo, liderado por el economista Mauricio Perfetti, fue grande y se logró una verdadera fotografía al detalle de la vida económica y social en la Colombia profunda, en las áreas rurales de 1101 municipios. Aunque cada diez años debería tomarse la foto y actuar en consecuencia, este punto de arranque fue en serio y deja en claro que se han diseñado políticas para el sector rural de manera errática, sin claridad, respondiendo a las urgencias, a las presiones de los paros, a la ignorancia de la colección de ministros que han pasado por esa cartera, casi siempre nombres que resultan a última hora en el reparto partidista, muchos de los cuales, y a pesar de sus equivocaciones, siguen sentando cátedra y formaron parte de la última misión rural. Poco se ha avanzado. La pobreza sigue siendo grande, la multidimensional, como la llaman los técnicos, alcanza un nivel de 44,7 %, el doble del promedio nacional. Resulta increíble pero el 11,5 % de la población rural sigue siendo analfabeta. El 20 % de los campesinos entre los 5 y 16 años no asiste a la escuela ni a ningún centro educativo y en general el 73 % de los jóvenes y otros tanto los niños –que se quedan en las casas con sus mamás, incluso trabajando- tiene serias restricciones para acceder a la educación, que finalmente es la variable que abre el mundo hacia la equidad. A pesar de que ha mejorado la calidad de la vivienda rural, continúa viéndose un déficit habitacional sensiblemente mayor en los campos que en las ciudades. Más de la mitad del déficit de vivienda de Colombia está en el campo. En este escenario la situación de la mujer rural es de llorar, sobre explotada, sin posibilidad alguna de desarrollo personal y marginada de cualquier oportunidad. Respecto de la estructura de la tenencia de la tierra, se ha elevado la concentración en la propiedad, aunque no han desaparecido las pequeñas parcelas. Por un lado, los predios grandes de más de mil hectáreas representan el 32 % del área destinada a cultivos, y los más pequeños, fincas de menos de cinco hectáreas, el 9 % del área cultivada total. Aún quedan grandes zonas de baldíos cuyo destino no se ha podido resolver y sigue siendo fuente de tensión. Se trata de un campo muy poco moderno en el que el 83 % de los productores aún no cuentan con maquinaria ni infraestructura básica para trabajar. El 89 % de ellos no solicitan crédito y solo un 10 % accede a la asistencia técnica. Un dato que impacta es la existencia de casi un 51 % de los 113 millones de hectáreas que comprende la llamada área rural; el 50,6 % está ocupada por bosques naturales; 41 % está dedicada a usos agropecuarios, el 80 % está en pastos para ganadería extensiva y el 19% en agricultura, el equivalente a míseras 7,1 millones de hectáreas dedicadas a producir comida. La transformación de la realidad que refleja el censo tiene que ser un derrotero que arrastre un compromiso nacional que tiene que dejar de ser retórico y politiquero y que no puede estar marcado por el péndulo de los acuerdos de La Habana. Se trata de una deuda pendiente.

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