Indiferencia a la colombiana

Indiferencia a la colombiana

Marzo 22, 2018 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

¿Por qué Colombia no reaccionó frente al dolor de un conflicto de 50 años que ha dejado cinco millones de víctimas?

¿Por qué esta confusa violencia que ha dejado deudos en cada familia termina reducida a frías cifras estadísticas y a una sociedad anestesiada por la indiferencia ante semejante barbarie y sinrazón?

Intenté responder estos interrogantes con ocasión de un simposio internacional de periodismo digital en París, en el que participé en un conversatorio sobre la tarea de informar en un medio hostil, cuya idea central quiero compartir con los lectores.

Una de las claves para descifrar este comportamiento ciudadano está en el papel que han cumplido el periodismo y los medios de comunicación en estos tormentosos años, en los que he estado inmersa durante tres décadas.

Lo más grave y doloroso para nuestro oficio, y debo aceptarlo como una verdadera frustración, es el no haber logrado construir una narrativa eficaz con fuerza informativa pero también capaz de llevar la realidad del horror de la guerra a los colombianos todos; a la indolente población urbana que desde el confort de la modernidad y la globalización toma decisiones. Que conmoviera, que sacudiera las conciencias y dinamizara un comportamiento social transformador. Nada de esto ocurrió.

Mucho ruido, mucha inmediatez, muchas titulares, mucha combinación de imágenes y palabras que al final no lograron tejer un relato potente que penetrara las conciencias, ayudara a pensar pero también a movilizar sentimientos y emociones, fibras de humanidad, única manera de romper la indiferencia ciudadana.

El efecto político de este fracaso ha sido evidente: la narrativa guerrerista que se impuso desde comienzos de este siglo, en cabeza de un líder con rasgos de caudillo, Álvaro Uribe Vélez, no ha podido ser diezmada por la narrativa de la paz y la convivencia ciudadana en el espíritu de la Colombia del postconflicto. La inexistencia de este relato ha permitido que siga aposentado sin mayor discusión, el discurso de la guerra.

El expresidente Uribe consiguió que las grandes mayorías lo  acompañaran en el combate frontal a las Farc, donde aplicó acomodadamente el principio de la combinación de todas las formas de lucha, que produjo el acorralamiento militar que la obligó a negociar propinándoles además la más definitiva de las derrotas: la de la opinión pública. Una derrota de la que la guerrilla nunca se recuperó y cuya resaca se expresó en la victoria del No en el Plebiscito y en su aplastante golpe electoral el pasado 11 de marzo.

Lo cierto es que la narrativa de la reconciliación, de la democracia, de la convivencia civilizada que los periodistas teníamos la posibilidad y diría, el deber de haber ayudado a sembrar, ha permitido que permanezcan intactas las raíces de una polarización destructiva que ve en el contrario a un enemigo que debe ser eliminado incluso como sujeto social, colocándonos en las antípodas de las urgencias de unas transformaciones sociales indispensables para enrutar a Colombia hacia un país incluyente y moderno.

Tanto periodistas como líderes tienen por delante el desafío de ayudar comprender la realidad de un país armándose después de un cruento conflicto, pero amenazado desde muchos flancos y contribuir a la derrota final de la indolencia.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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