Filtraciones que informan

Octubre 26, 2012 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Julian Assange, el australiano creador de la red Wikileaks, está enfermo en la embajada del Ecuador en Londres donde está asilado, desde el mes de junio pasado. Ha perdido peso y su aspecto da señales de estar mal. El vicecanciller de Ecuador, Marco Vinicio Albuja, ha advertido que la misión diplomática estaría ante la disyuntiva de trasladar el hospital a la Embajada o arriesgarse a movilizar a Assange al hospital. En el segundo escenario, el australiano correría el riesgo de ser detenido arbitrariamente y extraditado a Suecia. No poder brindarle la atención médica necesaria sería un verdadero atentado contra los mínimos derechos como ser humano de Assenge y lo grave es que los ingleses apenas están analizando la solicitud.La realidad de Assenge es triste, como si estuviera pagando un castigo por una falta grave. Y no hay tal. Históricamente siempre ha ocurrido lo mismo: se castiga al mensajero portador de la mala notica y no al responsable de ésta.Los wikileaks, es decir las filtraciones de documentos reservados, principalmente militares y diplomáticos, provenientes de los centros de toma de decisión del gobierno norteamericano, se convirtieron en una ventana para observar la dinámica del poder al desnudo. Una radiografía, literalmente descarnada, de cómo las cúpulas en el mundo deciden, dan órdenes, juzgan a sus rivales, enfrentan las diferencias. Filtraciones llamadas a convertirse en base privilegiada para analizar y comprender cómo se mueven los hilos del poder y esto se lo quieren cobrar.Buena parte del trabajo periodístico importante nace de filtraciones, de revelaciones que llegan a las manos de la prensa, por azar o con alguna intencionalidad. Siempre hay alguien que cuenta, a partir de lo cual el periodista entreteje, devela, informa, con consecuencias impredecibles. En Colombia el Proceso 8000 nació de una filtración. La de una grabación que dio las pistas para empezar a desenmarañar la macabra relación de la mafia con la política. Sucedió igual con la captura del DAS por los paramilitares y el posterior episodio de las chuzadas a la oposición.Con el escándalo de Watergate ocurrió lo mismo. Los periodistas, obsesivos y rigorosos, ataron cabos y profundizaron en una investigación que concluyó con la caída del presidente Nixon. La verdad de las torturas en la cárcel de Guantánamo o la manipulación de información por George Bush, sobre supuestas armas nucleares iraquíes, con la que declaró la guerra en Iraq, se conoció gracias a la filtración de documentos reservados. Y en Colombia no es distinto. Distintos medios de comunicación tuvieron acceso, por cuenta de filtraciones, de declaraciones de diferentes testigos en el caso Colmenares. La pretensión periodística, como es del oficio, es ayudar, a través de la información a poder llegar a la verdad y esclarecer cada caso, de interés público. La Fiscalía, en la misma línea de colocar en la mira al mensajero, quiere ahora investigar los medios que divulgaron los contenidos. Sería dramático que este australiano que ha puesto en riesgo su vida por su vocación de informar y democratizarla a través de la web, termine destruido, como podría ocurrir.

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