Euforia y desasosiego

Euforia y desasosiego

Diciembre 17, 2010 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El concierto binacional que unió a 200 jóvenes músicos venezolanos y colombianos en una sola orquesta bajo la dirección del maestro Gustavo Dudamel en la noche de ayer, selló el acercamiento entre los dos países. La música, una vez más, fue el mejor vehículo para llegar directo al corazón, limar asperezas, enterrar rencores. Rabias alimentadas por egolatrías presidenciales, a las que nos sometieron durante años en una pelea estéril, los gobernantes Álvaro Uribe, Hugo Chávez y Rafael Correa. La arrogancia de estos presidentes no les permitió acercarse al mundo real y observar, poner el oído y escuchar a la gente, más allá de los palacios de gobierno. De haberlo hecho habrían precipitado el acercamiento que viabilizó el cambio de gobierno. La noche de ayer con un público de venezolanos y colombianos, extraños y rivales en otro tiempo, fue de euforia, de aplausos y tarareo de canciones de frontera, música nacida en ese Llano eterno que no tiene barreras y cuyo límite es una línea imaginaria, divisiones cartográficas que nada tienen que ver con la realidad cultural y social de Colombia y Venezuela. Una línea imaginaria que para sus habitantes no existe.La experiencia de la orquesta binacional puede asimilarse a la de la Orquesta Este-Oeste creada por el gran músico argentino-israelí Daniel Barenboim y el inolvidable filósofo palestino Eduard Said. Se juntaron hace once años para mostrar que la música podía ser el mejor punto de entendimiento entre dos pueblos atascados en un viejo conflicto: los árabes y los israelíes. La experiencia musical binacional fue también un espacio de contacto y comunicación que mostró que en todas las expresiones artísticas, los seres humanos son iguales. Porque el talento es lo único que cuenta.Una orquesta es el mejor ejemplo de la armonía en la diversidad. Un violinista colombiano junto a un venezolano, igual los clarinetes, los chelos, la percusión, muchachos en contacto, unos junto a otros, ajenos a las decisiones políticas de los gobernantes. Claramente Colombia toda estaba harta de las bravuconadas y el talente provocador del ex presidente Uribe, el único ausente de los últimos ex mandatarios en el gran concierto del encuentro colombo-venezolano. Adendum. Gústenos o no, las próximas elecciones para un gobernador que no estará ni un año en el poder, parece inevitables. En este escenario, da vergüenza la manera como los líderes políticos locales, incluidos senadores como Germán Villegas, Dilian Francisca Toro y Carlos Fernando Motoa, representantes de los partidos Conservador, de la U y de Cambio Radical respectivamente, hayan decidido unirse alrededor de Víctor Julio González para la gobernación del Valle. Por más firmas que se propongan recoger para disimular su procedencia está claro su origen en el PIN, su cercanía a Juan Carlos Martínez y a los Abadía, padre e hijo, y que la estrategia no es otra que la de asegurar el poder de este grupo político, nefasto por donde se le mire, para el Valle. El letargo en el que caído la región para decidir su destino, es más grave y desesperanzador que un Valle anegado por las lluvias y el desbordamiento del tutelar Cauca. Las enfermedades morales le pesan más a una sociedad que cualquier catástrofe natural de la que tarde o temprano se sale.

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