España y sus víctimas

Enero 27, 2012 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El juez Baltasar Garzón está en el banquillo de los acusados por atreverse a remover el pasado. El pecado que no le perdonan los herederos del franquismo fue su decisión, cuando era juez de la Real Audiencia, máxima autoridad del tribunal de Justicia español investigar 114.000 desapariciones durante la Guerra Civil y la posterior dictadura de derecha del general Francisco Franco.Los cargos en contra de Garzón fueron presentados por el sindicato Manos Limpias y la asociación Libertad e Identidad, que consideran que el juez se excedió en sus competencias y sobrepasó la Ley de Amnistía de 1977 cuando en el 2008 abrió el caso contra el régimen franquista, que gobernó desde 1939 hasta 1975. A comienzos de la semana cuando se reabrió el juicio, Garzón se sentó al lado de su abogado vistiendo su traje de juez.Está solo. Pocos los acompañan en su pretensión. La Guerra Civil para los españoles es asunto del pasado. Así como el medio millón de muertes, desapariciones forzosas y exilio obligado de intelectuales, poetas, artistas, es un capítulo de la historia que han querido mantener enterrado. Una guerra civil que se inicia con la sublevación militar del 18 de julio de 1936 contra el experimento político de la República en cabeza de Manuel Azaña y que dio origen a la dictadura del general Francisco Franco. La transición hacia la democracia en los años 80 llevó implícito un pacto de silencio, como parte de un acuerdo para la reconciliación. Las generaciones jóvenes, hijas de la democracia ven el Franquismo con sus 40 años de dictadura como algo ajeno y lejano, que no los toca. En España se prefiere no remover el dolor de un pasado, que por lo que se está viendo, tiene las heridas aún abiertas. El juez Baltasar Garzón está pagando caro el haberse atrevido a revivir esa historia.Garzón no hizo más que aplicar en su país lo que ha practicado en otras naciones como Chile, Argentina y Serbia para impedir la impunidad en los crímenes de lesa humanidad. El paso del tiempo no puede hacer que prescriban los atropellos a la dignidad humana, contra la condición humana. “Que una investigación sea difícil no significa que sea imposible ni mucho menos general. General y sistemática fue la acción criminal desplegada, y, ahora se trata de delimitar los aspectos concretos y particulares que pueden ser objeto de investigación”, había dicho el juez Garzón al aceptar el proceso como parte de su cruzada mundial contra la impunidad y por la aplicación de la justicia universal. Los tribunales de Justicia de su propio país se le vinieron encima. La carrera de 23 años del juez que le dieron su fama quedó interrumpida y no puede ejercer en España. Su historia es una muestra de cómo las heridas continúan abiertas en una sociedad que no le hizo el duelo a una tragedia que dejó tanto dolor en ambos bandos enfrentados y prefirió echarle tierra y sacarla de su memoria. Contrasta la actitud de España con la de Colombia. Un país donde la verdad de la infamia en los largos años del conflicto no se esconde sino que ahora el Estado está dispuesto no sólo a reconocer sino a reparar las víctimas, base para una verdadera reconciliación. Por algo el juez Garzón escogió a Colombia para vivir.

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