Esos jóvenes que están de fiesta

Esos jóvenes que están de fiesta

Julio 04, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Es extraño ver este país unido alrededor de algo, de alguien. De una causa, de un propósito, de un sueño. Y resulta que se dio y de una manera inesperada. Y lo hemos podido vivir alrededor de la selección Colombia. El fútbol unió a Colombia revelando la potencialidad que tiene el sentimiento de equipo y posibilidad de celebrar colectivamente. Impacta sobre todo ver a los jóvenes. Cientos de jóvenes desbordados de pasión y alegría, ajena en estos tiempos.Si, a los jóvenes, a los que no se les conoce fácilmente el alma, ni dejan ver sus emociones, ni en el fondo ni en la superficie. Esos que tanto sorprenden y que no son fáciles descifrar. Los de los silencios desesperantes, los de la apatía y la desidia, los de esa abulia invasiva que puede paralizarlos, postrarlos horas mirando el infinito. Esos tan difíciles de conmover, han podido felizmente vivir una experiencia nueva.La celebración gregaria y colectiva de la que hemos sido testigo después de los triunfos de la Selección Colombia confirma que lo suyo es un entusiasmo efímero movido por briznas pasajeras de ilusión, por íconos que emergen y se disuelven. Que así como suben bajan y se autodestruyen, de allí las medidas que se han tenido que tomar para evitar despropósitos y desmanes que nazcan de la decepción que puede resultar de una mala hora frente a Brasil.Y sigo intentando entenderlos. Descubrir que su gregarismo es epidérmico, de encuentros de esquina, de “parche”, de contacto veloz a través de Facebook, o micro frases en Twitter. Que aparecen y se esfuman sin dejar rastro, sin disculpas. Nómadas en sus afectos e intereses, que esta vez han encontrado un motivo de enganche a través de la bandera, del tricolor, de la posibilidad de ganar. Da gusto verlos vibrar alrededor de una causa.Es difícil ser joven en estos tiempos. Es difícil robarles la atención en el aula de clase, en el escenario laboral, entusiasmarlos con la política, moverlos hacia propósito colectivo. Navegan en una sociedad que no les contiene, con unos liderazgos que decepcionan, que fracasan que no son ejemplo ni referencia a imitar, una sociedad que sin querer los lanza a un individualismo solitario susceptible de naufragios y frustraciones.No en vano el filósofo francés Gilles Lipovetsky lleva décadas intentando explicar el ritmo de nuestros tiempos, comprender los cambios de esta sociedad, la dinámica del mundo postmoderno. Ese en el que se superpone la simultaneidad sobre la priorización, la individualidad sobre la construcción social, que estimula el consumo por encima de cualquier valor, que no genera seguridad ni proyecta sentido de futuro; que no despierta ilusiones ni provoca sueños y anestesia con su consumismo desbocado.Lipovetsky ha estudiado este mundo loco en que vivimos a través de sus publicaciones, todas con sugestivos nombres: La era del vacío, El imperio de lo efímero, El lujo eterno, La sociedad de la decepción, La felicidad paradójica en la que convive el entretenimiento, el disfrute material y el goce con la intensificación de la dificultad y el malestar cotidiano. Un malestar y una insatisfacción que ronda a los jóvenes pero que la selección Colombia con su juego de equipo y sus goles pareciera haber apaciguado.

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