Entre judíos y palestinos

Noviembre 01, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El Museo del Holocausto de Jerusalen es uno de los escenarios más estremecedores en el que se puede estar. Mucho más incluso que el también museo del Holocausto de Washington. Allí conmueve todo. Los relatos de los sobrevivientes, los testimonios de la crueldad humana en sus peores manifestaciones, el desprecio, la humillación y la indignad a la que fueron sometidos seis millones de seres humanos, por una única razón: ser judíos.Esta aún inexplicable pero catastrófica realidad que se dio en medio de un silencio generalizado y cobarde, un silencio cómplice por omisión por parte de los grandes poderes de Occidente, puso en evidencia el tema de la cuestión judía. Y fue en el contexto de esta tragedia cuando día a día las tropas aliadas descubrían más y más desafueros como el horror del campo de concentración de Aushwitz donde aparecieron los restos de 1,5 millones de judíos víctimas de los vejámenes y la humillación que soportaron durante los 5 años que operó el complejo nazi, cuando nace el Estado de Israel. Es la Asamblea de Naciones Unidas la que el 14 de mayo de 1948, en representación de todas las naciones allí representadas, la que toma la decisión de intervenir las geografías de Egipto, Irak, Líbano, Siria y Jordania para crear, por decreto, el nuevo Estado para darles a los judíos una patria, una identidad territorial además de la cultural y religiosa que siempre los ha unido. La materialización de esa decisión ha costado sangre. Generó una nueva tragedia: la tragedia palestina que nació con el éxodo de 600.000 palestinos que terminaron en campos de refugiados en Jordania y una guerra interminable: en sesenta años el Medio Oriente no ha tenido un día de paz. La vida de los Palestinos que ocupan las áreas restringidas, demarcadas como fronteras visibles en el Estado de Israel es dolorosa. La muralla de concreto de ocho metros de alto que pasa por Jerusalen y atraviesa pequeños poblados como Belén, Jericó, Betania y muchos más, así como campos cultivables, no puede ser más agresiva y humillante. Los palestinos deben pedir salvoconducto para cruzar los retenes controlados por el ejército Israelí. Sobreviven allí empobrecidos, atrapados en unos enclaves de desolación, sin conseguir esconder la amargura de los despojados. En la pujante Tel Aviv y la ancestral Jerusalén no hay espacio para palestinos y el estereotipo amenazante con que son exportados a Occidente son una barrera para intentar existir aún en sus pequeños territorios. El contraste de este pueblo derrotado y acorralado con la pujante y dinámica economía Israelí es grande y la posibilidad de que se cierre la brecha parece ser un sueño imposible.Adendum. Me preparo a disfrutar la Bienal Internacional de Danza que empieza la semana entrante en Cali. ¡Enhorabuena! La verdad no le he dado muchas vueltas a la sonora pugna de columnas de opinión y mensajes en las redes sociales porque creo que ojalá el presupuesto alcanzará para financiar todos los eventos e iniciativas posibles. Imagino una Cali convocadora donde quepa todo el mundo sin mezquindades ni espejo retrovisor, ni rabias enconadas y resentimientos no solo en la cultura sino en la política donde el debate se merece alcanzar niveles superiores.

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