El triunfo de la equidad

Mayo 10, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El fallo de la Corte Constitucional que le pone tate quieto a las privilegiadas pensiones que ha disfrutado durante años el llamado Club de los Mil, es inédito. No solo por lo que significa atajar al Congreso en su poder omnímodo de legislar a su antojo sino porque fueron magistrados, potenciales beneficiarios de las pensiones millonarias, quienes fijaron el tope de los 25 salarios mínimos. Sin duda es un comportamiento inusual porque estamos acostumbrados a ver a los poderes actuar en la lógica del tome y dame; yo te apoyo tú me apoyas. Si bien la decisión representa un ahorro fiscal cercano a los $50.000 millones lo fundamental del debate es el tema de la equidad. Porque la inequidad es lo que más duele. Sí, duele. ¿Por qué diablos la gran mayoría de colombianos debe financiarle a los miembros del Club de los Mil, que son los 1300 exfuncionarios públicos que se meten inmerecidamente veinte millones de pesos mensuales en el bolsillo, su mesada millonaria cuando los cálculos de las liquidación a partir de sus cotizaciones muestran que esta no les alcanzaría ni para la mitad de lo que reciben? ¿Por qué diablos los colombianos teníamos que seguir pagando estos privilegios cuando cada quien, a excepción de los del Club de los Mil, recibe cuando se jubila una pensión proporcional a las cotizaciones realizadas durante una vida de trabajo? De lo que se trata es de un vulgar y abusivo aprovechamiento del poder para legislar en causa propia y asegurarse una vejez tranquila por cuenta de un efímero paso por el Congreso o haber ocupado uno de los cargos que para neutralizar su poder (procurador, contralor, Altas Cortes) los legisladores incluyeron en los beneficios. Parlamentarios que además representan a una ínfìma parte de los 40 millones de colombianos porque la mayoría ha llegado al Congreso con votaciones inferiores a los 35.000 sufragios, y pasan por allí sin pena ni gloria, cuando la realidad del ciudadano de a pie es la de tener que trabajar durante toda la vida para terminar con pensiones que oscilan entre $566.700 y $2.200.000 que es a la que accede el 90% de los pensionados. Una condición que además solo tiene uno de cada seis millones de colombianos con edad para jubilarse. Seguramente en la revisión que harán los fondos de pensiones se descubrirá más de una trampa: publicaciones que no circularon, asistencia a foros fantasmas, en fin, triquiñuelas conocidas que han hecho de esta la institución más desprestigiada del país. Y seguramente ya tienen listas las tutelas para intentar pasarse por la faja la decisión judicial, como hicieron con el Acto Legislativo de 2010 que modificó el régimen pensional. El trato como lo dispuso la Corte, interpretando la Constitución, tiene que ser equitativo, igual para todos. La misma posición que ha mantenido la Corte en las distintas sentencias relacionadas con otros derechos como son el tema de la salud, la educación, la discriminación racial, el matrimonio del mismo sexo, la eutanasia. Los obstáculos para materializar estos derechos siempre han surgido del Congreso que solo es firme y monolítico cuando se trata de defenderse a sí mismo y sus pilatunas. Allí si actúan como un solo cuerpo y todos contestan: ¡Presente!

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