El triple desafío de Santos

Enero 14, 2011 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

En la posesión de Viviane Morales como fiscal general, el presidente Santos comparó el daño que le han hecho las Farc al país con el que cotidianamente genera la corrupción. Puso sobre los hombros de la nueva Fiscal la responsabilidad de enfrentarla con firmeza y tesón. Y seguro que lo hará y destrabará el millón de procesos atascados en la Fiscalía. La única idea nueva que podría salvar a la humanidad en el Siglo XXI, como dice Gabo, es que las mujeres asuman la dirección del mundo... en este caso la Justicia de Colombia. Cada día se hace más evidente que uno es el Santos de campaña, mesurado y cuidadoso de no tomar demasiada distancia del libreto de la seguridad democrática y de los tics políticos del ex presidente Uribe y otro, el Presidente electo, libre de ataduras, afirmado en su favorabilidad, con prestigio propio, decidido a apretar tuercas en temas de alta sensibilidad, así toquen los intereses de sus amigos de golf y de vacaciones en Miami. Un Juan Manuel Santos gobernado por sus convicciones liberales -¡que ojalá le duren!Las circunstancias han llevado a Santos a redefinir una agenda, distinta a la de campaña, que puede resumirse en tres grandes prioridades: la reconstrucción de un país arrasado por el invierno, la lucha frontal contra la corrupción, y la devolución de las tierras a los campesinos despojados y desplazados por los actores armados y los narcotraficantes. El Presidente se ha propuesto, como dicen los chinos, hacer de la crisis una oportunidad, e invertir los miles y miles de recursos frescos en la reconstrucción de la infraestructura de comunicaciones y productiva del sector rural, destruida por el invierno y que llevaba décadas de atraso. Aprovechará el momento para realizar el gran revolcón institucional de las corporaciones autónomas regionales, cooptadas por la politiquería y cuestionadas por desvíos de recursos y corrupción. En el pasado predominaba en éstas el factor técnico y actuaban como entes rectores del manejo ambiental en las regiones, concebidas como territorios ambientales más allá de la estructura administrativa-burocrática departamental, pero terminaron reducidas a fortines burocráticos de los congresistas, con grandes presupuestos y autonomía en la contratación, como el caso de la CVC en el Valle, controlada por el PIN. Además del estatuto anticorrupción que hace trámite en el Congreso, Santos se comprometió, en la posesión de la Fiscal, a que antes de cumplir el primer año de gobierno, la ciudadanía podrá disponer -en línea y en tiempo real– de la totalidad de la información financiera y de la ejecución presupuestal de las entidades del Gobierno Central para hacer público el gasto y la ejecución de los distintos programas y su proyección a futuro. Aseguró que acatará las decisiones judiciales y que jamás revivirá la nefasta pugna con las Cortes que protagonizó su antecesor. Por último, está la deuda pendiente que el país tiene con el campo colombiano. La ley de víctimas y la ley de tierras marcaran un hito. Los campesinos olvidados y perseguidos deberán poder regresar a sus tierras a vivir y a trabajar. Un propósito que en sí mismo justifica cualquier esfuerzo. Ojalá se materialice a fondo. Debo confesarlo, no voté por Santos, pero reconozco que cada día me sorprende más.

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