El peso de la discapacidad

Noviembre 18, 2011 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Difícil una situación más humanamente impactante que la que viví en la visita que realicé al Instituto Tobías Emanuel de Cali. Impactante por la realidad a la que se ven abocadas personas, que por inexplicables razones del destino, física lotería negra, nacen con discapacidad intelectuales y físicas asociadas a daños cerebrales congénitos. Pero también impactante por el trabajo que realizan las profesionales que laboran allí (casi todas mujeres), al lado de Beatriz Salazar, en el esfuerzo por abrirles ventanas de esperanza para tener una mejor calidad de vida a los niños, jóvenes y adultos que viven en el Instituto. No es fácil arrancar la existencia marcado por la discapacidad, pero es aún peor si las circunstancias son de pobreza, rechazo, exclusión, como sucede en la gran mayoría de los casos.En el Tobías Emanuel, una institución que bordea los 50 años de existencia, se respira afecto y respeto. Ni lastima ni conmiseración. El trato cruel y a veces humillante que reciben niños que han sido abandonados precisamente por tener limitaciones mentales y físicas, que han vivido el rechazo de sus padres por ser incapaces de tolerarlos, logran amainarlo con bondad y profesionalismo. Las transformaciones son inverosímiles. La paciencia y el afecto permiten que se revelen talentos escondidos en estos cuerpecitos deformes: bellas voces, gestos de alegría ocultos entre las aparentes desgracias.Han logrado volver el propósito de la no exclusión en realidad. Por eso están ahora embarcados en un proyecto que les da luces de esperanza a los más sufridos de todos, aquellos que han crecido abandonados por sus familias y que el Instituto de Bienestar Familiar los ‘entrega’ para que el Tobías les dé algún abrigo. Llevan años en una suerte de internado que poco contribuye a su progreso. Con el programa ‘hogares con apoyo’, el Tobías busca brindarles una alternativa distinta. Con recursos destinados por el Icbf para atender a personas discapacitadas que han sido abandonadas y el apoyo del sector privado vallecaucano, han ido adquiriendo casas vecinas en el barrio San Fernando, adecuándolas para recibir grupos de 20 de estas personas que han crecido sin nada, sin una cama propia, ni un pequeño espacio para guardar una muda, ni uno para disfrutar de un programa de televisión o recordar una canción olvidada. La transformación de los niños y jóvenes es evidente y el desarrollo de unas capacidades adormecidas debajo de sus caparazones defectuosas, ha sido exponencial. Beatriz Salazar, la presidente, y la junta directiva del Tobías Emanuel quieren que no quede un solo niño rezagado en el pasado de la vida del ‘internado’ y asegurarles a todos espacios de libertad y autonomía. Quieren adecuar siete casas, para lo cual han convocado a la solidaridad de los caleños, una causa que acompaño con el convencimiento que da el haber sido testigo de unos resultados excepcionales. No es común encontrar en este mundo de egoísmos e insolidaridad, montado en el espejismo del éxito, personas capaces de darles la mano a quienes nada tienen, ni siquiera capacidad de retribución o agradecimiento, como las que trabajan en el Tobías Emanuel. Y contribuir a que la discapacidad no pese tanto.

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