El periodismo del post-acuerdo

El periodismo del post-acuerdo

Diciembre 04, 2015 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El año entrante se darán cambios en el país. Se firmará el acuerdo de paz con las Farc y eso cuenta. Mala noticia para los escépticos y detractores que identifican la paz exclusivamente como bandera del gobierno de Juan Manuel Santos, pero buena para los millones de colombianos que viven en el campo y han soportado en carne propia el miedo, el horror, la destrucción de sus comunidades, las pérdidas. Como van las cosas resultarán inútiles las alarmas prendidas, la zozobra y rumores generadores de miedo por la llegada de unas Farc desarmadas a la escena política del país. Serán muchos los sapos que tendrán que tragarse sin remedio quienes no soporten o les resulta intolerable aceptar la llegada de los exguerrilleros desmovilizados a la vida ciudadana. Allí estarán en el escenario nacional, pero de manera especialmente significativa en las regiones. Una realidad que igualmente afectará el ejercicio del periodismo que ha estado ausente de muchos de los escenarios del conflicto entre otras razones por las restricciones impuestas por los armados legales -fuerzas militares- y los ilegales -guerrilleros, paramilitares, bacrim-. Poco se sabe lo que sucede realmente en buena parte de los municipios y veredas perdidas en la geografía nacional. Se sabe por ejemplo de 207 municipios -cifra aceptada por el Ministerio del Interior- donde en ausencia del Estado, las Farc han gobernado a sus anchas y como parte de un proyecto político cocinado lentamente. Así lo describe abiertamente en una columna Carlos Antonio Losada, uno de los jefes negociadores de la guerrilla: “hemos tejido una compleja red de relaciones políticas y socioculturales con las comunidades que se expresan de múltiples formas: parentescos familiares entre guerrilleros y comunidades; autoridad encargada de hacer cumplir las normas de convivencia acordadas por las asambleas populares; acciones cívicas y trabajo conjunto con la población en la construcción y mantenimiento de caminos, puentes y carreteras; comunión de objetivos en la lucha reivindicativa y política con indígenas, negritudes y campesinos que pueblan las áreas de influencia de las Farc, etc. El proyecto político fariano trasciende sus estructuras guerrilleras”. De allí la importancia que tiene en la agenda de La Habana la propuesta de “territorios de paz” en la que están empeñadas las Farc y que es una de las almendras de la negociación: las garantías de seguridad en el territorio para los guerrilleros desmovilizados y para sus bases sociales. Una vez se firme la paz se podrá, como ya empieza a suceder lentamente, acceder a muchos rincones perdidos del país y descubrir las exuberancias naturales intactas que guardan dolor pero también esperanzas. Aparecerán rostros desconocidos y liderazgos ajenos a los medios; relatos inesperados. El esfuerzo de los periodistas, quienes no somos más que unos testigos de nuestro tiempo, será el de saber recoger con equilibrio y sabiduría este mosaico de experiencias inéditas y mostrar la complejidad de una Colombia profunda que se abre en medio de sus horrores pero también de las sorpresas. Quitarle el velo será el desafío del periodismo del postacuerdo de paz y espero desde esta modesta esquina contribuir a hacerlo, opinando menos desde el escritorio y más desde la realidad.

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