El pacto con el diablo

El pacto con el diablo

Agosto 08, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Don Berna, uno de los peores delincuentes que han asolado a Colombia, se lanzó de escritor. Así matamos al patrón: la cacería de Pablo Escobar, es un libro sobre el pasado oscuro de Colombia cuando los gobernantes, las autoridades legítimas, en este caso el presidente César Gaviria y sus cercanos colaboradores, decidieron hacer verdaderos pactos con el mal, con el propósito de eliminar a Pablo Escobar. El entonces procurador Carlos Gustavo Arrieta, avaló una decisión que olía a azufre. La narración de Don Berna es detallada. Describe la manera como Escobar se burló del presidente Gaviria y de las autoridades cuando custodiado por el Inpec y el entonces ministro de Justicia Fernando Carrillo hizo de su prisión de cinco estrellas, la célebre Catedral, el centro de una verdadera orgía de muerte. Allí, en las narices del Estado, asesinó y descuartizó a más de 200 personas, les quitó a sus exsocios los dineros que estos tenían encaletados y les sacó escrituras para quedarse con sus propiedades, con un propósito: reestructurar su imperio del mal. Don Berna cuenta las órdenes y contra órdenes dadas en el vano intento de trasladar a Escobar a una guarnición militar, “como si todo estuviera dirigido por ‘Los Tres Chiflados’”. La decisión finalmente la tomó el preso: cortó la electricidad y apagó las luces, se puso la chaqueta “y salió caminando tranquilamente por entre los extensos bosques de pino que rodeaban el lugar”.Se inicia entonces el capítulo más oscuro de la historia contemporánea con una decisión presidencial que infectó al país: autorizar pactos con los Pepes -una organización criminal de los narcotraficantes del cartel de Cali y de los hermanos Castaño- para eliminar al capo fugitivo. Increíble, don Berna era el enlace con la Fuerza Elite conformada por los mejores oficiales de la Policía, los entonces mayores Hugo Aguilar, Mauricio Santoyo, Danilo González, Pedro Ramírez, Luis Alberto Moore y Óscar Naranjo, bajo el mando de coronel Hugo Martínez, de los cuales varios terminaron cooptados por narcotraficantes y paramilitares. Cuenta Don Berna: “Recibí una llamada que me llenó de alegría. Los hermanos Fidel y Carlos Castaño me invitaban a cenar a Montecasino, la lujosa vivienda y cuartel general en Medellín de los hermanos Castaño, cabezas visibles de los paramilitares (...) Danilo González asistió como representante del presidente César Gaviria y enlace del Cartel de Cali. El mayor González nos comentó que hacía poco se había reunido con el Presidente y con el Ministro de Defensa, quienes lo habían autorizado para utilizar los métodos que fueran necesarios para acabar con Escobar; ellos se encargarían de desviar y de ocultar cualquier investigación”. El resultado del acuerdo, la muerte del capo, lo celebró jocosamente Gaviria en el avión presidencial, el 4 de diciembre de 1993, como cuenta Jorge Enrique Botero en el prólogo del libro. Nació entonces, con bendición presidencial, una práctica que encarna uno de los antivalores incrustados en el alma colombiana, convertida en justificación de facto del paramilitarismo y de los macabros falsos positivos. Un comportamiento ilegal e ilegítimo, que se volvió ‘normal’ para los gobernantes de estos 20 años, como el peor ejemplo que le da la dirigencia al ciudadano.

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