El otro cáncer

El otro cáncer

Noviembre 14, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

No son posibles mayores las alarmas y el miedo frente a la enfermedad mayor, la inderrotable, de nuestro tiempo: el cáncer. Pero hay otro cáncer, tan silencioso y destructivo como es el escorpión frente a la vida de los seres humanos: es el cáncer de la corrupción. El mal social superior. En un seminario de periodistas latinoamericanos en Panamá convocado por la Fundación de Nuevo periodismo Iberoamericano, el legado de Gabo reportero, el tema recurrente fue la corrupción como urgencia informativa pero también en su dificultad para comprender el fenómeno y poder así quitarle los velos, desnudarla y combatirla. La sensación de impotencia rodea a los periodistas y a la sociedad toda frente a su avance destructor que no hace otra cosa que profundizar las desigualdades y el atraso. Las cifras son extravagantes y estridentes los lujos como la vulgaridad y ostentación de la mansión de los 7 millones de dólares de la pareja presidencial mexicana, una caricatura del poder con actriz de telenovela de primera dama, que recorre China mientras sus conciudadanos no salen de la indignación y la rabia por el cruel asesinato de los 43 estudiantes de Ayotzinapa por cuenta de la degradante combinación de narcos, policías y gobernantes locales. En Panamá el país anfitrión, el asombro y la decepción de la gente corría por cuenta de otro escándalo de codicia que involucra al ex ministro de Desarrollo Social Guillermo Ferrufino, un dirigente hasta ahora querido, de origen popular comprometido supuestamente con los pobres, pero que terminó con cuatro mega casas cuyo origen no consigue explicar porque simplemente las cuentas no dan. Los exabruptos de los hermanos Daniel y Humberto Ortega en Nicaragua, líderes de una pseudo revolución socialista, no tienen límite, entregando el país a los nuevos magnates del mundo, con sus tentáculos también en el Ecuador: los voraces chinos. Los relatos de los periodistas españoles son impactantes. Lo que ha ocurrido no tiene nombre. En medio de lo que parecía ser un crecimiento económico consistente que desbocó los gastos de los españoles y con la entrada a la Unión Europea que se creyeron el espejismo de pertenecer a al primer mundo, políticos, dirigentes de todos los partidos amangualados con empresarios y funcionarios de gobierno se robaron el país a punta de millonarias coimas. Qué mejor retrato del cinismo y la decadencia española que ver a Felipe González, el líder de la resistencia andaluza y constructor de la democracia, entregado a al abrazo millonario del mexicano Carlos Slim, como su asesor y estratega personal. Lo acompaña en su avión particular a cumplir con la agenda de encuentros con los gobernantes, que él ayuda a construir, a concretar negocios, en fin, a cocinar las pócimas del mal. Los últimos presidentes, incluidos los colombianos, llegan al poder con la bandera de la lucha contra la corrupción, pero basta entronizarse para ceder cualquier intención al olvido y la traición. Si el periodismo se declara abrumado, superado en la descomunal tarea de deshojar la cebolla de las capas de los cada vez más sofisticados mecanismos de corrupción, ¿qué podrán decir los ciudadanos que padecen maniatados este otro cáncer que apabulla y derrota? Un escenario descorazonador que dejando es una sociedad sin dignidad ni futuro.

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