El mensaje final de Einstein

Junio 19, 2015 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Hace 60 años murió Albert Einstein el físico inventor de la teoría de la relatividad. Un desarrollo teórico que está a la base de comprensión de la energía nuclear, que posibilitó la bomba atómica. Sin embargo antes de morir le expresó a su hija Lieserl en una carta que resultó ser una verdadera revelación y le pidió que la guardara años, décadas hasta que ella sintiera que el mundo estaba preparada para entenderla. A finales de los años 80, la familia donó 1.400 cartas escritas por Einstein a la Universidad Hebrea de Jerusalén. Entre estas está la carta que el físico le escribió a la hija que nació por fuera del matrimonio de su relación intensa y larga con Mileva Maric. Poco supo de ella y no la tuvo cerca, pero dijo haberla querido sin conocerla. Esta carta es considerada el testamento existencial de esta gran mente, de este cerebro mayor. De manera sorprendente para quienes han visto un científico racionalista Einstein reconoce que la fuerza más grande que incluye y gobierna a todas, que es misteriosa e infinita y que es la única que puede salvar a la humanidad de su fracaso; la única que la puede salvar de todo el odio, el egoísmo y la avaricia que habitan el planeta. Al final pide perdón. Esto le dice: “Cuando propuse la teoría de la relatividad, muy pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo transmitas a la humanidad también chocará con la incomprensión y los perjuicios del mundo. Te pido aun así, que la custodies todo el tiempo que sea necesario. Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras. Esta fuerza universal es el amor. Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas que lo explica todo y da sentido en mayúsculas a la vida. Ésta es la variable que hemos obviado tal vez por miedo, ya que el amor es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo. Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser siente que en él habita, el amor es la única y la última respuesta. Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el Planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada. Cuando aprendamos a dar esta energía universal, querida Liersel, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede. Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida. Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta”. Un mensaje aún difícil de comprender en toda su dimensión y más aún de practicar.

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