El laberinto del general

El laberinto del general

Diciembre 05, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

La última hipótesis sobre el secuestro del general Rubén Darío Alzate por parte de las Farc, construida a partir de los testimonios de los pobladores de la región tiene tal verosimilitud que ni las Fuerzas Militares ni el gobierno la han desmentido. Y lo más importante, da elementos sobre el mundo turbio gobernado por fuerzas ilegales que rodea la realidad nacional. En las regiones apartadas de Colombia donde la presencia del Estado es inexistente quienes mandan allí con el poder intimidatorio de las armas, son las guerrillas, la herencia paramilitar de Urabeños y los Rastrojos, los narcotraficantes, los contrabandistas de gasolina y demás bienes y diversos negocios ilegales donde en ciertas zonas, como el Chocó, la minería manda la parada.El general Alzate, como todos los militares que prestan sus servicios en esas zonas apartadas de la Colombia profunda, se movía en esas aguas espesas. Debía lidiar con los distintos actores y su deber, como le recordó monseñor Barreto, el obispo de Quibdó, era imponer el orden. Recordaba que en distintas ocasiones le había recomendado ocuparse de su rol y que el trabajo con las comunidades lo debían hacer ellos a través de la Diócesis de Quibdó y otras organizaciones sociales con tradición en el departamento. Los hechos posteriores a la liberación, así como las entrevistas con los pobladores de Las Mercedes del pequeño caserío de 120 habitantes, apuntarían a afirmar que el general estaba en otra cosa.Nunca se sabrá a ciencia cierta lo que ocurrió. De los cruces en aguas espesas suele no quedar huella. Pero hasta ahora queda claro lo siguiente:El general iba vestido de sport sin haber logrado explicar este extraño comportamiento en una institución vertical y rígida como son las FF.MM. Las actividades cívico-militares las desarrolla el Ejército precisamente para lograr confianza con la población, de uniforme, en nombre de la institución y no de personas naturales. Los pobladores niegan que se estuviera desarrollando en la zona algún proyecto social. El General iba a realizar una actividad por fuera del servicio. No fue interceptado en Las Mercedes por los tres guerrilleros con Chaverra a la cabeza, como él afirmó en su declaración pública. Esto habría sido imposible de ocultar para las 120 personas del pequeño caserío chocoano. Hay coincidencia en que él y sus tres acompañantes se reunieron con tres civiles en la capilla y caminaron juntos, tranquilos y sin zozobra a tomar una embarcación, a plena luz del día. Los tres civiles habrían sido los contactos encargados de llevar al general Alzate al encuentro con los dueños de alguna de las dragas para la minería ilegal de la extracción de oro en las riberas de los ríos chocoanos, una práctica aceptada entre quienes desarrollan esta actividad por fuera de la ley. El general fue secuestrado por las Farc en ese tramo del río, como lo dijo el Bloque Iván Ríos en su comunicado inicial, antes de la intervención de los comandantes de La Habana y como se deriva de la carta abierta de ‘Timochenko’. El presidente Santos sin dubitación alguna, y seguramente conocedor del entretejido de los confusos hechos, le concedió la baja no por defender el honor militar sino para mandarle un mensaje claro a la tropa. El General por su parte quedó atrapado en su propio laberinto.

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