El infierno urbano

El infierno urbano

Diciembre 14, 2012 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El libro La familia Random sobre la vida en el Bronx, uno de los más poblados suburbios de latinos de Nueva York, escrito por la periodista norteamericana Adriana Nicole Le Blanc, es conmovedor e impactante. Se trata de un extenso reportaje, de esos que sólo el periodismo anglosajón logra armar, construido con base a hechos ciertos, con personajes de carne y hueso cuyas vidas giran alrededor del amor, la pasión, la atracción sexual, la droga y el conflicto. Jessica, Coco, George, Cesar, Angel, muchachos de origen puertoriqueño con más de una generación de arraigo en Estados Unidos atrapados en un destino que está marcado por la violencia familiar con padrastros y tíos abusadores, mamás alcahuetes que han sido como sus hijas madres adolescentes de padres desconocidos que se alimentan de telenovelas y bochinches en los salones de belleza, jovencitos vinculados al microtráfico de droga que han vuelto las correccionales de menores o las cárceles sus hábitats naturales y que crecen sin distinguir muy bien lo malo de los bueno. Es la desesperanza que encuentra una única protección en la familia extensa solidaria que comparte la desesperanza pero también la euforia fugaz alrededor de la música, el sexo, la rumba, porque aparentemente el país más rico del mundo, no les ofrece nada.Su lectura me trasladó a la dureza de la vida en buena parte de los barrios marginales de nuestras ciudades y en particular a algunas zonas especialmente ásperas para la gente como son Potrerogrande en el distrito de Aguablanca en Cali, o Soacha en Bogotá, o el barrio Santander en la Comuna nororiental en Medellín o Génesis en Armenia o el Pozón en Cartagena, para mencionar sólo algunos. Realidades urbanas donde la vida y la muerte están presentes siempre y los jóvenes son, para bien o para mal, el motor de una cotidianidad tan intensa como amenazante. Es el universo del resbusque donde deambulan los jóvenes del no futuro que ponen en riesgo su vida en unas guerras bobas, por el control de un andén, una cuadra, un territorio y que se protegen en pandillas para sustituir lo que nadie más les da. Protagonizan atracos, disparan sin conciencia, responde a órdenes de ‘oficinas’ de narcos y Bacrim, las instituciones les generan desconfianza y ven en la Policía sus principales enemigos. Resulta terrible decirlo pero es esta la población, este infierno barrial que todo el mundo prefiere ignorar el que marca las estadísticas de violencia en las ciudades que tanto obsesiona a los alcaldes y que siguen sin atenderse a nivel local y en la política naciones. Estadísticas que sólo buscan transformar con aumento del pie de fuerza de la Policía, dejando de lado la almendra del problema. Los jóvenes, 14 millones en Colombia, pero sobre todo los jóvenes pobres, que en la retórica oficial dicen ser el futuro del país, son más una amenaza que desconcierta, que un horizonte de futuro y creatividad para la sociedad. Producen miedo y desconfianza, y en el peor de los casos: desprecio, rechazo, exclusión. Libros como el de La familia Random abren los jóvenes y reafirman que ha llegado la hora de tomarse el problema seriamente y no insistir en esconder la basura debajo del sofá.

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