El indígena que cambió Bolivia

Noviembre 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

La llegada de Evo Morales a la Presidencia en el 2006 fue conmovedora. Venía de la Bolivia profunda con una autenticidad arrolladora y su lenguaje cargado de pausas que irrumpía en el ruidoso poder tradicional. El primer descendiente directo de los indígenas conquistados, empoderado después de cinco siglos de dominación en un país tan subordinado que tuvo presidente con acento gringo. En nueve años Evo Morales, de la mano del vicepresidente Álvaro García, reelegidos para un tercer período con el apoyo incluso de los sectores modernos empresariales de la provincia de Santa Cruz que en algún momento intentó independizarse, mostró que los cambios de fondo son posibles. El prestigioso periodista Ignacio Ramonet, director de Le Monde Diplomatique, escribió una crónica titulada ‘Bolivia está cambiando’ en la que muestra que la realidad del país es otra después del presidente indígena. Empieza por La Paz que describe dinámica, sin vendedores informales ni los mendigos de antaño, con la construcción disparada y la multiplicación de centros comerciales. Los paceños en esta ciudad construida en una cima atravesada por calles empinadas empiezan a transportarse en teleféricos de última tecnología con cabinas de colores, silenciosas y no contaminantes que cuando terminen las tres líneas podrán ahorrarse hasta dos horas diarias de trabajo trasportándose por la alturas en una red interconectada de once kilómetros. Hace diez años Bolivia era el segundo país más pobre de América Latina, controlada su economía por empresas mineras extranjeras que Morales nacionalizó en el 2006 para invertir una parte de estos excedentes en los sectores generadores de empleo (industria, manufactura, artesanía, transporte, desarrollo agropecuario, vivienda, comercio), y en reducción de la pobreza mediante políticas sociales (enseñanza, sanidad), incrementos salariales (a los funcionarios y trabajadores del sector público), estímulos a la inclusión bono Juancito Pinto, renta dignidad, bono Juana Azurduy y políticas de subvenciones. Un millón de bolivianos ha salido de la pobreza. El crecimiento económico ha tenido tasa promedio del 5% anual, con una inflación controlada generándose una demanda interna creciente +5,4%. La deuda pública, que representaba el 80% del PIB, se redujo al 33% del PIB. La tasa de desempleo (3,2%) es la más baja de América Latina generándose un retorno de muchos inmigrantes bolivianos. Además, Evo Morales ha emprendido la construcción de un verdadero Estado, dice Ramonet, hasta ahora más bien virtual. Hay que reconocer que la inmensa y torturada geografía boliviana (un tercio, altas montañas andinas, dos tercios, tierras bajas tropicales y amazónicas) unida a la fractura cultural (36 naciones etno-lingüísticas) no habían facilitado la integración y la unificación. Que además se ha propuesto hacerla también geográfica con la construcción de ambiciosas obras públicas (carreteras, puentes, túneles) que permiten conectar, articular, comunicar regiones lejanas para construir una Bolivia común a todos. “El Evo” como le dicen ha logrado crear un puente entre lo raizal tradicional y la modernidad con humildad y sabiduría, demostrado que sabe, a diferencia de muchos de los arrogantes del mundo, para qué sirve el poder: para hacerle la vida mejor a todos.

VER COMENTARIOS
Columnistas