El impúdico Recreo en Montería

Enero 08, 2016 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El barrio El Recreo en Montería es un símbolo, síntesis de la degradación de la política convertida más en un negocio que en un ejercicio ciudadano con un propósito público. Con contadas excepciones los políticos lejos de ser líderes se han convertido en unos intermediarios que no satisfacen su ambición ni buscan compensación a su éxito electoral con cargos y puestos sino con negocios. Y no exactamente para hacer obras o mejorar las condiciones de las comunidades que dicen representar sino para robar: sacar millonarias tajadas a través de comisiones y coimas. El resultado de esa rentable práctica -corrupción monda y lironda- toma forma palpable en barrios como El Recreo de Montería. Allí comparten vecindario personajes que durante décadas han tenido acceso al poder local, regional o nacional. Las extravagantes casas que se han construido son en su tamaño y fastuosidad proporcionales al grado de influencia y poder conseguido a través de la política que los ha habilitado para acceder a los recursos públicos, y muy especialmente en regiones con regalías. Se trata de verdaderas mansiones que compiten en extensión y lujo en los acabados -tan ostentosos como de mal gusto-, reflejo finalmente de los dineros obtenidos de manera abusiva. Más de uno de los propietarios, caciques conservadores como Julio Manzur o liberales como Juancho López están en la cárcel o inhabilitados para ejercer cargos públicos, curules que terminan en manos de sus parientes como la senadora Arley Casado, esposa de Juancho López, para asegurar el botín. De ahí los entronques familiares alrededor de las curules del Congreso.En el barrio El Recreo viven y se codean alcaldes, gobernadores, concejales, diputados, senadores, representantes en ejercicio o del pasado, pero también quienes han ocupado distintos cargos públicos protagonistas de escándalos de corrupción que han copado titulares de prensa pero que han logrado burlar la justicia en las instancias judiciales locales. Las conversaciones sociales resultan impúdicas, cuando con cinismo y desfachatez se habla de la rentabilidad de la política y al sentido último de ganar las elecciones: negocios y contratos en los que los que no cuentan las diferencias de partidos o grupos políticos, rivales electoralmente pero socios en la contratación y en el reparto de cupos indicativos.Son vecinos también de este barrio los socios o exsocios del ‘Mono’ Mancuso (como lo llaman con familiaridad en Montería), quienes han logrado legalizar capitales provenientes del narcotráfico y reciben ahora trato de grandes señores. Los mafiosos del pasado son ahora unos nuevos ricos aceptados socialmente, propietarios de los mejores restaurantes, hoteles, centros comerciales, distribuidoras de carros, entidades prestadoras de salud y grandes extensiones de tierra dedicadas a la ganadería. Los millonarios recursos de la parapolítica circulan sin reservas y ha tomado forma en las mansiones de El Recreo convertido en el corazón residencial de Montería, termómetro de status social, donde la legalidad y la ilegalidad están separadas por una línea fácil de cruzar.Una riqueza no precisamente derivada del trabajo honrado y responsable con la sociedad sino producto de la tríada que envenenó el alma colombiana: narcotráfico, corrupción y política.

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