El fracaso de los medios

El fracaso de los medios

Julio 01, 2016 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Si hay algún sector de la sociedad colombiana que ha hecho mal la tarea en estos años de conflicto somos los periodistas y los medios de comunicación. Aunque probablemente no sea, y ni más faltaba, con intencionalidad, incompetencia, desidia, desinterés o manipulación informativa, el resultado al final del día es malo. Muy malo.Los medios no hemos dado cuenta de aquello que ocurre en al menos la mitad del territorio. La atención ha estado siempre en la Colombia más poblada, la que más pesa en el PIB, donde están los gobiernos locales, regionales y nacionales; donde viven las personas influyentes y con poder, quienes imponen la agenda informativa y deciden sobre la vida de la gran mayoría. Pero Bogotá, Medellín y Cali no sintetizan el país, ni numéricamente, ni geográficamente ni es este el universo cierto de Colombia como nación.Durante décadas e incluso aún, los periodistas no hemos tenido la posibilidad de movernos libremente por el territorio. En un lugar estaban o están las Farc, en otro las Bacrim, en otro los paramilitares y en otros el Ejército con sus retenes controlando la movilidad, atribuyéndose incluso el derecho a requisar memorias, imágenes, audios y videos, llegar al extremo de incautarlas. El resultado es que estamos frente a un país que no conocemos, con miles de colombianos cuyas voces nunca se han oído; centenares de veredas que a duras penas hemos visto marcadas en el mapa donde coexisten personas que no son guerrilleros ni auxiliares de la guerrilla y por el contrario han sido señalados como sospechosos, simplemente por habitar esas regiones.En los tiempos de la Seguridad Democrática el escenario era aún más drástico porque quien intentara hablar con la guerrilla en cumplimiento del deber periodístico de informar podía terminar judicializado por interactuar con ilegales. La consecuencia no es solo un país oculto sino poblado de imaginarios que operan como prejuicios inamovibles resistentes a escuchar a abrirse a nuevas realidades. Por más promisorias que puedan ser.Si los periodistas hubiéramos hecho bien la tarea con relatos veraces y complejos, salidos de la profundidad de esas zonas del país donde la gente lleva siglos viviendo mal, donde la violencia ha golpeado con saña, la urgencia de buscar la paz en Colombia sería un propósito incontrovertible. Probablemente se respiraría optimismo y esperanza y no estaríamos sofocados por el resentimiento y una polarización capaz de revolcar odios ajenos a punta de desinformación y extremismos maniqueos.Si hubiéramos hecho bien la tarea habríamos contribuido a alimentar con elementos ciertos una opinión pública capaz de reaccionar de una manera más tolerante, más respetuosa de los otros, más humana, menos rabiosa y autoafirmada en prejuicios afincados en la ignorancia y el desconocimiento, apegada a preconceptos que se repiten y repiten con una locuacidad pasmosa. No se impondrían las visiones que salen con fuerza pontificadora desde la zona de confort de los opinadores y tendríamos un país capaz de relativizar certezas y abrirse a un debate político con altura. De allí que la tarea informativa que tenemos por delante sea mayúscula y para los periodistas una oportunidad para resarcir los errores del pasado.Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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