El fracaso de los iluminados

Octubre 07, 2016 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

La derrota del plebiscito por la paz dejó en claro un error que originaría: haber negociado el Acuerdo de paz entre un puñado de iluminados, escogidos por el presidente Santos sin fuerza de representación. En el caso de las Farc es distinto, porque su equipo negociador es producto de su estructura vertical, que además es monolítica, cohesionada como se vio en las decisiones de la última conferencia guerrillera en los Llanos del Yarí. Santos por su parte designó unos nombres para acompañar al jefe de negociación Humberto de la Calle, que lo único que tenían en común era la confianza que le generaban por amistad o compadrazgo político que los llevó a tener comportamiento más de empleados que de negociadores con capacidad de deliberación independiente, entre los cuales, tal vez los únicos con representación de cara al país, eran los dos exmilitares, Mora y Naranjo. Fueron tres años de secretismo absoluto, de reunión de iluminados.Los avances se conocían a través de escuetos comunicados de prensa, fragmentados, que comunicaban los avances, incomprensibles para la gente, con el agravante que al final, como se partía de que “nada está acordado hasta que todo esté acordado”, se cambiaron textos incluso publicados con anterioridad. La estrategia de negociar a puerta cerrada resultó contraproducente.Dirán que así es que se gobierna con los amigos. Pero esto no tiene validez cuando se trata de un acuerdo que debía unir a todo el país y ser aprobado mayoritariamente por los colombianos, que de haber tenido una representación en la mesa de los contradictores se habría evitado el tortuoso camino que tenemos por delante. Se sabía de antemano que la aprobación de los Acuerdos de La Habana difícilmente llegaba al 50% liderados por un Presidente cuya favorabilidad no llega al 30%.El resultado del domingo forzó a Santos a abrir el juego, como dicen los tahúres. Y convocar a los trompicones, a los detractores, a los incrédulos, a los desconfiados, a los críticos, los que han debido ser considerados por lo menos en la recta final de la negociación. Al Presidente se le insistió desde distintos frentes en la importancia de lograr un Acuerdo Nacional que respaldara el proceso, con Uribe como interlocutor. La terquedad y la soberbia pudieron más que los consejos de analistas y asesores. No quiso abrir compuertas y dejó a la mitad del país sin canales de comunicación y con el malestar de la inconformidad in crescendo hasta expresarse masivamente a través del No. De no haber estado tan aislados en La Habana habrían podido modular posiciones que recogiera divergencias.La negociación encontrará su camino. Las Farc deberán entender que a pesar del blindaje jurídico que pudo haberse conseguido con su elevación a Acuerdo Especial, la realidad política manda. Con ajustes hay que llegar a la paz como lo pide toda Colombia.Los millennials, aquella generación nacida con el Siglo XX, salieron a la calle sin odios enconados, sin resentimientos, a hacerse oír “no más guerra; queremos la paz”. Sin políticos de por medio, sin los oportunistas de turno, sin discursos, abarrotaron plazas porque así lo sienten, a expresarse frente a unos gobernantes que tienen en la mano decisiones que definen el destino de todo un país y que ojalá no los traicionen.Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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