El fracaso de la narco-guerra

El fracaso de la narco-guerra

Enero 29, 2016 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Los 15 años del Plan Colombia llaman a muchas reflexiones. Se trató de una cooperación norteamericana intensiva acordada con el gobierno de Estados Unidos por el presidente Andrés Pastrana y Bill Clinton. Fueron cerca de 9.000 millones de dólares en ayuda, principalmente militar, para la lucha contra las drogas, una iniciativa que apuntó a combatir el cultivo, la producción y la exportación de drogas, la principal fuente de recursos del narcotráfico, gasolina del conflicto armado colombiano del cual se está intentando salir.El tráfico de drogas es la variable que ha perfilado de manera particular las últimas décadas de la confrontación armada. Pero ha sido enfrentado de mala manera con penosos resultados. Se trata de una lucha fallida. Y ese es el sello del Plan Colombia cuyo propósito quedó reflejado desde distintos ángulos en las entrevistas con protagonistas de primer orden que realizó Julio Sánchez Cristo para su libro: El país que se hizo posible. La conclusión del autor es drástica y contundente: “Después de ver los resultados del Plan Colombia, como parte de la guerra contra las drogas, debería haber un Plan Estados Unidos para que se acepte que hay que despenalizar, descriminalizar, o se acepte que llegó la hora de un plan para desenmascarar a los socios allá”. Esto confirma que el debate que se inició hace 20 años, sobre la despenalización del consumo de la dosis mínima de droga continúa vigente. Algo se ha avanzado desde que el ausente Carlos Gaviria, a través de la sentencia C-221 defendió la posibilidad de los individuos de asumir la responsabilidad de sus vidas que otorga el derecho constitucional del libre desarrollo de la personalidad. Aunque prevalece la obsesión autoritaria de intentar que el Estado regule la vida individual, se ha empezado a mirar con otros ojos el consumo de la marihuana e incluso a reconocerle sus bondades frente al tratamiento de ciertos problemas de salud.Pero el debate sobre la despenalización y la descriminalización del consumo de la droga debe enfrantarse de manera global. Un tema grueso y definitivo que debería afrontarse en una gran cumbre mundial con las potencias como se hizo en el pasado encuentro alrededor del cambio climático en París, en el que a pesar de no haber logrado compromisos concretos, abrió caminos.Los resultados de la guerra impuesta por Estados Unidos, de la que Colombia no ha sido ajena y que hoy tiene como epicentro a México, no pueden ser peores en vidas humanas y descomposición social. El consumo no disminuye, las siembras fumigadas se desplazan de una región a otra, de un país a otro, la productividad y la calidad de los cultivos ha mejorado con lo cual el precio de la hoja de coca ha bajado mientras aumenta la rentabilidad del narco negocio. Es evidente el daño colateral producto del enriquecimiento desmedido de la delincuencia y su infinita capacidad de aterrorizar y de matar, de corromper y de imponer sus reglas que ha traído el equivocado enfoque prohibicionista y policivo que impulsó el Plan Colombia. Una visión que ha tenido como resultado una multiplicación de las microorganizaciones, las llamadas Bacrim, cuya actividad delincuencial puede convertirse en el mayor obstáculo para el proceso de paz que avanza en La Habana.

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