El fenómeno llamado Hugo Chávez

Marzo 08, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

No puedo disimular el asombro que produce la romería de venezolanos, compungidos pero pacíficos que desfilaron durante siete horas detrás del féretro de Hugo Chávez hasta que llegó a la Escuela Militar, “donde comenzó todo”, como solía decir el mismo. Ya allí le destaparon el rostro para que el pueblo, “su pueblo”, pudiera rendirle el último homenaje. Colas interminables de ciudadanos para mirarlo por un segundo, bien con un saludo marcial, con una bendición o una lágrima. Esta impactante despedida confirma lo que todos dicen al unísono: Chávez se fue de cuerpo pero no de espíritu y por tanto habrá chavismo para rato. Millones de venezolanos se encargarán de defender la llamada revolución bolivariana con los votos en las elecciones de abril.Este gran fenómeno de masas, emotivo e intenso no puede leerse con simplismo. No se trata de una elemental respuesta a las dádivas materiales, a la inversión billonaria proveniente de las ganancias petroleras que de manera creciente durante 14 años el Presidente se encargó, de manera unipersonal y autónoma, de redireccionar hacia programas sociales dirigidos a la población pobre, con lo cual Venezuela presenta una significativa reducción de los índices de pobreza, según reporte del Banco Mundial.Chávez interpretó al venezolano común, a los mestizos, como decía él, y se conectó a través de la palabra, con sus interminables discursos, cargó niños, abrazó mujeres, ancianos y ancianas, con calidez y simpatía, con humanidad. Tal vez por todo esto, cuando a la gente en la calle le preguntaban por la razón de su reconocimiento al Comandante, no se referían a casas gratis, ni a becas escolares, ni a los mercados populares, ni a las misiones de salud; todos coincidían con una palabra: dignidad. Con ello querían decir que gracias al gobierno habían empezado a contar como ciudadanos, a ser tenidos en cuenta, a quienes Chávez se encargó de empoderar para que sucediera lo que está sucediendo.En América Latina se recuerda del fervor colectivo que se vivió en Argentina en el entierro de Evita Perón que superó en emocionalidad al de su marido Juan Domingo Perón, pero la experiencia venezolana, con el ingrediente de medios de comunicación transmitiendo en vivo y en directo, con la noticia de su muerte en los titulares del mundo, es única. La periodista Angela Patricia Janiot, ducha en entrevistar líderes, en su viaje a cubrir los acontecimientos de Caracas escribió en su cuenta de twitter: “Como periodista, van a pasar años antes de encontrar otro entrevistado e interlocutor tan carismático, único y locuaz como H. Chávez. QEPD”.Pero al lado de ese Chávez cuya muerte movilizó a 22 jefes de Estado, está el déspota, el autoritario encandilado de arrogancia, de narcisismo y vanidad, el arbitrario que expropió 1.168 compañías para imponer su proyecto político arrasando con al menos el 35% de los venezolanos. “Había dos Chávez en uno”, dice Gabo en la semblanza premonitoria que escribió en 1999, “uno a quien la suerte empedernida le ofrecía la oportunidad de salvar a su país. Y el otro, un ilusionista, que podía pasar a la historia como un déspota más”. Un fenómeno político y humano que apenas se empieza a comprender.

VER COMENTARIOS
Columnistas
Publicidad