El fantasma del Conejo

El fantasma del Conejo

Abril 15, 2016 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El eco de la aparición de los comandantes de las Farc, ‘Iván Márquez’ y ‘Joaquín Gómez’ rodeados de pobladores en la vereda Conejo, Guajira, durante una de las denominadas jornadas pedagógicas del proceso de paz, resuena aún en la mesa de diálogo entre el gobierno Santos y la guerrilla de las Farc en La Habana. La desconfianza entre las partes sigue viva, el ritmo de las negociaciones se frenó y el gobierno prendió las alarmas ante la reacción, especialmente del Uribismo, de las imágenes del encuentro de la tarima y los comandantes de las Farc confundidos entre la gente y la tropa guerrillera que circularon por redes sociales. La dimensión que adquirió el debate nacional alrededor del tema aguó las expectativas frente a la esperada firma del pasado 23 de marzo, que movilizó a La Habana decenas de periodistas de todo el mundo.Hasta entonces las Farc y el gobierno habían avanzado, en medio de las dificultades, un punto crucial: la concentración de la guerrilla en unas determinadas áreas del territorio, sometidas a veeduría de las Naciones Unidas, para poder decretar el cese al fuego bilateral. Un paso definitivo en la última etapa que conducirá a la firma del Acuerdo final y la dejación de armas. El punto había sido discutido ampliamente en la subcomisión técnica en la que participan el general Javier Flórez, excomandante de la Fuerza de Tarea Conjunta Omega y Carlos Antonio Losada por parte de las Farc. Sin embargo un memorando post-Conejo, del comisionado Sergio Jaramillo en el que cambiaba lo acordado, levantó la mesa. En este se plantaba que la guerrilla debería concentrarse en zonas aisladas, ajenas a las regiones donde había estado presente durante décadas y sin posibilidad de interactuar con la población civil. Resulta ingenuo pensar que las Farc iban a aceptar restricciones en su interlocución con las comunidades en las regiones donde mantienen arraigo, cuando el sentido final del Acuerdo de Paz es el de lograr que se transformen en actores políticos desarmados. Intentar impedir ese contacto resultaba ingenuo. La mesa de diálogo en La Habana se recompuso y la propuesta que se abre camino es la siguiente: los 15.000 guerrilleros se concentrarán en veredas localizadas en zonas aceptadas por las Farc, pero solo podrán interactuar con la población como civiles desarmados, en un área de acción previamente definida y vigilada por la ONU. El pulso está en el número de zonas, que oscilan entre 20 y 40 -las Farc cuenta con 70 frentes activos organizados en 9 bloques- y el alcance geográfico de las áreas permitidas para interactuar por fuera de las zonas de concentración.En La Habana se calcula que en un mes, en mayo, se logrará, en medio de un engorroso proceso logístico, el cese bilateral al fuego, que pondrá a prueba no solo la confianza entre las partes sino la capacidad de tolerancia de tantos colombianos que se niegan a aceptar a las Farc haciendo política. Porque de lo que se trata finalmente es de contar con una democracia seria en la que quepan, se expresen y se respeten las distintas posiciones sin matarse, sin violencia; con el espacio que toda contienda política demanda para garantizarles a amplios sectores de la población poder luchar abiertamente por las reformas sociales, sin duda necesarias, que el país requiere.Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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