El experimento de Las Catas

El experimento de Las Catas

Enero 20, 2012 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

En el departamento de Córdoba ha pasado de todo. Sobreviven grandes latifundios ganaderos, incluido el emblemático Ubérrimo del expresidente Uribe, han pelechado movimientos campesinos defendiendo parcelas, pero también se multiplicaron allí los grupos guerrilleros hasta finales de los años 90 y después comenzaron a mandar a sangre y fuego los paramilitares, desde donde se expandieron por todo el país. En ese departamento como en Sucre y en el Cesar se generalizó, perversamente, el matrimonio entre paramilitarismo y política con el que controlaron el poder regional durante casi dos décadas. Pero será también Córdoba el laboratorio donde se dará inicio el ambicioso proyecto de desarrollo rural que se ha propuesto el gobierno Santos. El jueves pasado en el predio Las Catas, que hasta finales de los años 60 formó parte de Corinto, una de las grandes haciendas ganaderas del San Jorge, Santos le dio la partida al programa que busca que retorne la vida al campo colombiano. En Las Catas se resume buena parte de la ocurrido en el país en las últimas dos décadas. Un latifundio de 4.000 hectáreas que una prestante familia antioqueña, la de Eduardo Uribe Botero, le vendió, como hicieron con cinismo muchos colombianos, a unos de los poderosos narcotraficantes de los años 80 y 90: los hermanos Mocada, entonces lugartenientes de Pablo Escobar. Los Moncada terminaron asociados en el negocio de la coca con Fidel Castaño y en la casa derruida de la hacienda nacieron las Autodefensas de Córdoba. Por decisión presidencial 306 familias regresarán a esas tierras, que por vía de extinción de dominio regresaron al Estado colombiano. Al menos 90 de los campesinos que vivirán en Las Catas fueron testigos del horror de la motosierra; vieron los cuerpos descuartizados terminar en el San Jorge y a los cocodrilos rematarlos en un lago artificial cuya huella ha sido borrada. Los demás que ocuparán Las Catas son desplazados de otros puntos de Córdoba, mientras que otros son reinsertados que desalojaron a sangre y fuego a quienes serán hoy sus nuevos vecinos. Lo novedoso es que la finca no se va a dividir en parcelas. A cada familia se le titularán 3 hectáreas con los que puedan asegurar cultivos de pan coger, economía de subsistencia, con una vivienda incluida. Las parcelas con sus casas estarán concentradas en una aldea rural con todos los servicios, mientras que el grueso del predio, de posesión colectiva, estará destinado al cultivo y producción de caucho, cacao y plátano, con el apoyo crediticio y tecnológico del gobierno y en alianza con el sector privado para garantizar la comercialización de los productos. Los campesinos tendrán un ingreso por su trabajo en los cultivos mientras el proyecto productivo logra su punto de equilibrio. Un modelo que se reproducirá en 700.000 hectáreas en 69 zonas en las distintas regiones del país con lo cual se asegura la subsistencia del sector rural, articulado a la modernidad. No fue pues accidental que Córdoba fuera el epicentro del primer programa piloto de desarrollo rural. Se trata de una reforma agraria en tierras regadas de dolor y muerte que narcotraficantes y paramilitares convirtieron en botín de guerra, que ahora recuperan su vocación productiva para asegurar que al campo regrese la vida.

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