El descenso a los infiernos

El descenso a los infiernos

Febrero 27, 2015 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

¿Para qué los millones que amasaron Rodrigo Jaramillo y Víctor Maldonado como exitosos hombres de negocios con sus lujos y excesos, para terminar a los 70 años, cuando el ocaso de la vida debía traer disfrute y tranquilidad, derrotados? Jaramillo con casa por cárcel en Medellín y Maldonado huyendo en Miami, avergonzado como cuentan quienes lo han visto, intentando evitar el cadalso de un juzgado de Paloquemado y la humillación de una fiscal acusándolo de formar parte de una organización de delincuentes de cuello blanco, como les dijo la delegada Alexandra Ladino en la primera audiencia de imputación de cargos del caso Premium-Interbolsa el pasado miércoles. Jaramillo y Maldonado saben que son culpables. Saben de su responsabilidad en decisiones que derivaron en el desfalco de la comisionista y la tragedia que significó para cientos de ciudadanos, fundaciones, empresas. Como lo sabe también la dupleta de Tomás Jaramillo y Juan Carlos Ortiz, los más codiciosos, cerebros del reino de la estafa que fue el fondo Premium. Saben de su cinismo a la ahora de idearse argucias para llevarse por delante los recursos de los ahorradores. Y por ello, en una decisión pragmática y fría aceptaron los cargos que les imputó la fiscal: estafa agravada, concierto para delinquir y manipulación fraudulenta de especie en el registro nacional de valores por las actividades ilegales. Delitos que los mandarán a la cárcel como último recursos de la sociedad para sancionar esa “cultura de irresponsabilidad y soberbia que dominaba Interbolsa” (…) “Donde el fin justificaba los medios y el fin era el lucro y la riqueza de pocos a costa de muchos. Donde la única prioridad era riqueza y poder”, como atestiguó Jorge Arabia Watemberg, el vicepresidente financiero que decidió colaborar con la Justicia y relatar lo que sucedía en las entrañas del monstruo. La Justicia será drástica con ellos precisamente por su condición de ‘cuello blanco’, de privilegiados con oportunidades para construir y no destruir como terminaron haciendo. La rabia de las víctimas es inocultable cuando constatan la manera como este par de los llamados ejecutivos construyeron una vida artificial de lujos y excesos con sus recursos. Con ejemplos tan desproporcionados como el viaje que se dio Juan Carlos Ortiz con su esposa, la modelo Viena Ruiz, a Qatar, Indonesia y la India en el que se gastaron 548 mil dólares, pagados con una tarjeta de American Expess respaldada con recursos del Fondo Premium. Había que ver la arrogancia y prepotencia con que festinaban el éxito fácil y la solvencia con la que manejaban los hilos del poder en un delirio casi irracional que terminó arrojando a estas estrellas del sector financiero al pozo de la desdicha. Un descenso a los infiernos que por más recursos que hayan salvado, el peso de la conciencia y la privación de la libertad les marcará sus vidas. Jaramillo y Ortiz son el símbolo de esta casta de yuppies que se ha ido formando en Colombia: individualistas, ambiciosos, indolentes y arrogantes que viven en las nubes de la irrealidad desde donde deciden atrapados por un espiral de aspiraciones ilimitada que alimenta los comportamientos inmorales e ilegales en los que Interbolsa tristemente no es la excepción.

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