Duque y el abrazo del oso

Duque y el abrazo del oso

Junio 07, 2018 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

El más reciente de los apoyos recibidos por el candidato del Centro Democrático Iván Duque en su aspiración presidencial es quizás el más despreciable de todos: el del exalcalde y cacique político de Cúcuta Ramiro Corzo, enviado desde la cárcel La Picota donde paga una condena de 26 años por asesinato. Igual le llegaron de los detenidos de la Guajira, incluida la parentela del condenado exgobernador Kiko Gómez y del Chocó y de Córdoba, además de cinco casas políticas sancionadas o condenadas por corrupción y parapolítica.

Y se le pegó también inmediatamente, sin dar resuello, César Gaviria quien no tuvo empacho en dejar de lado a su candidato Humberto de la Calle, a quien en el fondo nunca apoyó, para orientar el extinto Partido Liberal hacia las toldas de Duque. No tuvo vergüenza en reconocer públicamente que la política era un práctica oportunista en donde la coherencia no cuenta y cuyo objetivo final es ganar elecciones en circunstancias siempre cambiantes. Olvidó las contradicciones del pasado con Álvaro Uribe de quien no solo se ha expresado descomedidamente sino que lo ha enfrentado abiertamente, para abrazar al candidato del Centro Democrático.

Aunque Duque no se ha dejado tomar ninguna foto con sus nuevos aliados, con los que muy seguramente, de ganar, formará mayorías parlamentarias para arrasar, no las ha rechazado. Un cuestionable pragmatismo que le puede salir caro, pues no está claro a cuántos electores de la primera vuela les interese ver a su candidato en tan malas compañías, a sabiendas que esos nuevos mejores amigos nunca dan apoyos gratuitos y no perdonan cuenta de cobro. Como dicen los franceses, Duque puede estar recibiendo un regalo envenenado con un costo que no ha querido o no ha podido evaluar en aras a la tentación de sumar votos.

Una movida que deja indudablemente un mal sabor y una mala señal respecto a posturas anteriores en las que ha defendido la urgencia de una renovación política en prácticas. Lo cierto es que se echó un bacalao encima, un bacalao en descomposición que esta volviendo trizas su imagen de joven político que llega con aires de renovación y cambio, dispuesto a enfrentar la corrupción. ¿Cómo atacar la corrupción rodeado de los protagonistas que se han alimentado en las canteras de la ilegalidad?

Más de uno de los votantes de la primera vuelta lo puede estar pensando porque si algo mostraron las elecciones de la primera vuelta es que estamos ante un escenario nuevo en el que hay una masa creciente de electores que empiezan a mostrar que no están dispuestos a tragar entero ni a seguir con los ojos vendados y de allí los 10 millones que se soltaron de las maquinarias y mostraron su independencia a la hora de sufragar. Una independencia marcada por un deseo de cambio, un rechazo radical a la clase política tradicional atornillada en el poder y de hastío con sus comportamientos.

Muy probablemente Duque, quien se perfila según las encuestas como un muy posible ganador el próximo 17 de junio, no necesitaría de esos aliados para ganar, y el costo de aceptarlos no solo desdice mucho de él sino que puede tener el efecto del abrazo del oso: una aparente demostración de afinidad que al final encierra una trampa. Una trampa con impredecibles consecuencias políticas.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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