Demagogia presidencial

Octubre 08, 2010 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El papel, el discurso y las palabras aguantan todo. Tanto como que de la boca del presidente Juan Manuel Santos salieron las siguientes palabras: “El pueblo tiene el poder”. Y las dijo no en un discurso improvisado, sino leído con telepronter en el Congreso de Publicidad en Cartagena. Es tal vez la frase más demagógica que a mandatario alguno se le haya ocurrido soltar, así fuera en el contexto del lanzamiento de la Urna de Cristal Interactiva, un nuevo programa de gobierno.Así lo dijo. Y fue más lejos. Se propone, además, que “el pueblo, vigile y controle los gastos del gobierno para asegurar transparencia”. Establecer un diálogo directo con todos y cada uno de los 45 millones de colombianos para que tengan la posibilidad de ejercer control social a través de la tan sonada Participación Ciudadana. Llama a hacer denuncias, plantear las inquietudes, “porque lo que queremos es una democracia deliberante, una democracia vibrante, no sólo de elecciones sino de todos días, donde todos y cada colombiano pueda informarse, participar y colaborar en las decisiones del gobierno”.Efectivamente la última gran revolución que ha vivido la humanidad es la del internet. Y además de su potencialidad en materia de globalización, comunicación, interacción entre los ciudadanos del mundo, su gran avance político está en la democratización absoluta de la información. Lo que entra en la web, el dato, el video, la fotografía, la idea, entra a formar parte del acervo del conocimiento universal al cual tiene libre acceso cualquier ciudadano con un computador personal o desde un café internet. Eso es cierto, y qué mejor que ampliar redes y posibilitar esa interacción en todos los rincones del país.Santos promete que con la Urna de Cristal todas las quejas, inquietudes y propuestas tendrán respuestas y serán direccionadas a las diferentes entidades del Estado, donde habrá una oficina con funcionarios encargados de tramitarlas y darles curso. Cada ciudadano se convertirá, entonces, en un interventor, un contralor, un vigilante de lo que sucede en su entorno en tiempo real. En este nuevo escenario, los funcionarios del Gobierno deben olvidarse de trabajar y prepararse para responder permanentemente la avalancha de inquietudes, preguntas y cuestionamientos que les lloverán por el internet. Está claro que no va a suceder así. Que como ocurre con los miles de correos que llegan por internet, los mensajes de los ciudadanos se van a quedar sin responder o entrarán a formar parte de la rutina de la burocracia estatal. Ese sueño de la democracia, en el que el pueblo no sólo tiene la palabra sino la posibilidad de decidir sobre sus gobernantes, sin interferencia ni manipulación, de manera directa, no es más que una pretensión y un propósito inalcanzable. Una referencia constante a un pasado que ya no fue, y que claramente no se va a lograr a través de una herramienta de internet. El pueblo, por el contrario, Dr. Santos, en las sociedades postmodernas, tiene cada vez menos poder y está sujeto a una mayor manipulación precisamente por la audiencia que lo aplaudió en Cartagena: la de los publicistas y los medios de comunicación. Que son quienes verdaderamente mandan.

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