¡Dejen tranquilos a los gay!

¡Dejen tranquilos a los gay!

Febrero 20, 2015 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

No se entiende por qué todo el mundo, con las instituciones del Estado en primera línea, tienen que meterse con la vida privada de la comunidad LGTB. Es decir, con aquellas personas que han optado por alternativas sexuales distintas a la heterosexual. No se entiende por qué es tema de airado debate público si se casan, si el matrimonio les otorga los mismos derechos que a los enlaces heterosexuales, si adoptan o no niños, si pueden expresar su afecto abiertamente en lugares públicos o si deben recurrir a bares o metederos semiclandestinos para socializar; si son elegibles o no para desempeñar cualquier actividad laboral. No se entiende por qué su opción sexual es tema de conversación, de comentario burlesco, de ofensas e irrespeto. En fin, no se entiende por qué no los dejan vivir tranquilos, en paz, con derecho a ocupar el mismo lugar en la sociedad que tiene cualquier ciudadano. Esta semana se oyó y se leyó de todo sobre gay y lesbianas. Profesores en plena aula de clase, como ocurrió en la Universidad de la Sabana, la del Opus Dei, atreviéndose a llamarlos “enfermos”. La Facultad de Medicina de la misma universidad dejó por escrito un concepto que envió a la Corte Constitucional para intervenir en el debate sobre la adopción de las parejas homosexuales en el que dice algo que resulta increíble como que “las personas homosexuales y lesbianas merecen nuestro respeto como personas, pero hay que señalar que su comportamiento se aparta del común, lo que constituye de alguna manera una enfermedad”.Fue por esta postura por la que protestó Yokir Ackerman en su columna publicada en El Colombiano titulada ‘Enfermos’ en la que le reclamó a los docentes médicos que en su reflexión “debería primar únicamente el criterio científico y médico, todavía tengan relevancia conceptos religiosos, que la misma ciencia ha demostrado equivocados y se pensaban superados”. La polarización a la que se ha llegado llevó a que Ackerman perdiera su espacio en las páginas editoriales del periódico.Y cómo no recordar en esta misma línea de intolerancia, el caso dramático del suicidio del joven Sergio Urrego, quien actuó agobiado por la presión de la propia rectora del colegio Gimnasio Castillo Campestre de Bogotá contra su condición de homosexual.Lo grave es que estamos frente a situaciones individuales. El eco de la caverna se amplía hasta empoderar a quienes se autocalifican como normales con el poder de cercenarles los derechos a los gay, tratarlos como raros, extraños y hasta anormales. El Estado no tendría por qué legislar y meterse en la alcoba de nadie. Pero resulta que es un magistrado el que con omnipotencia, en su condición de conjuez de la Corte Constitucional termina decidiendo sobre la adopción de las parejas homosexuales. Hay 14.000 niños abandonados en custodia de Bienestar Familiar esperando una familia y a decir del investigador social Andrew Solomon, quien defendió este tipo de adopciones en el pasado Hay Festival de Cartagena, estudios muestran que niños criados por parejas de homosexuales logran enrutarse en la vida adulta muchas veces mejor que aquellos que crecen sometidos a la violencia intrafamiliar común en más de un matrimonio heterosexual. Nada es fácil pero si se actuara con mayor respeto probablemente el mundo estaría mejor.

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