De la seducción femenina

Noviembre 29, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Cada vez son más altos los tacones y mayor el número de mujeres que se la pasan haciendo equilibrio a la hora de caminar para crecer artificialmente e intentar volver más esbelta la figura. Son unos llamativos tacos negros o de colores, con plataformas incorporadas, en los que rematan los pantalones apretados que forran las curvas. Un atuendo que generalmente va complementado con insinuantes escotes y camisetas ceñidos al cuerpo. Una estética, o anti-estética que se impone como moda con una voracidad comercial cuyo propósito es invitar a las mujeres a seducir a través del atuendo.La lúcida escritora sudafricana Doris Lessing, a quien se le reconoció tardíamente su obra otorgándole el Premio Nobel de Literatura y quien murió hace poco, hizo una reflexión respecto de ese esclavizante y aburrido rol femenino. Fue ella quizás la primera mujer, hace ya 50 años que sacudió a las mujeres para empezar a pensar con “la libertad de los hombres”. A través de la más famosa de sus novelas, El Cuaderno Dorado, se encargó de mostrarle a una generación de señoras subordinadas por la dinámica doméstica y maternal, que había vida fuera de la casa y un horizonte mayor al de la crianza de los hijos. Un libro contundente y valiente, que en plenos años 60, cuando la sociedad tradicional estaba patas arriba, los editores no se atrevieron a publicar y este permaneció callado durante años.Sus preguntas de entonces, tienen toda la pertinencia. Igual que sus reclamos, cuando furiosa decía, “las mujeres modernas ahora pueden hacer de todo, pero lo único que quieren es encontrar un hombre”. Muchos comportamientos no solo no han cambiado sino que se repiten masivamente por cuenta de los medios de comunicación. Por eso ya en el ocaso de su vida, Lessing se abrumaba de seguir viendo a las chicas atrapadas en el círculo infernal, la trampa de la seducción. “No se dan cuenta que solo hace dos generaciones que podemos controlar, como mujeres, nuestra propia vida. Ellas creen que todo esto es normal, olvidando que es esta la verdadera revolución de nuestro tiempo. Han tenido mucha suerte. Pero tal vez por eso la dilapidan”.Lessing nunca hizo ensayos feministas, simplemente escribió con bella prosa sobre la vida cotidiana, esa reiterada búsqueda femenina solitaria y silenciosa por lograr una habitación propia, la misma de la que habló a comienzos del siglo pasado Virginia Woolf, ese cuarto (no necesariamente físico) personal e íntimo, reservado, donde no caben los reclamos ni los celos, ni los caprichos demandantes del marido como tampoco el ruido y la patanería bulliciosa de los niños. No fue radical ni extremista en sus posiciones, ni incitó al enfrentamiento entre sexos, pero si compartió motivaciones y propósitos de las luchas feministas de los 60 y 70 que terminaron por abrir espacios de equidad. Con esa firmeza de pionera reconocía con rabia y melancolía, a sus plácidos 90 años, a sabiendas de que estaba próxima su partida, que las feministas han fracasado. Porque las mujeres han tranzado los derechos adquiridos, la autonomía para gobernar su propia existencia, por el más elemental de los instintos, el de la seducción. De allí tanta plataforma, tacón y minifalda.

VER COMENTARIOS
Columnistas