Cuando matar no basta

Septiembre 24, 2010 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

En medio del júbilo nacional por la muerte del ‘Mono Jojoy’, uno de los hombres más odiados del país -y con razón-, alias Romaña y otros cuantos guerrilleros, me atrevo a realizar una reflexión. Impopular seguro. Pero necesaria.El espiral de odio que se va formando, de manera casi ciega, que gira alrededor de matar y matar más guerrilleros, hasta desaparecer de la faz de la tierra al último de ellos, no conduce a ningún lado. No tiene ningún sentido. El conflicto colombiano no puede analizarse con la vísceras, con las emociones, con la venganza como único motor.Es evidente la derrota militar y política de las Farc. Una guerrilla derrotada es la condición ideal para rematar en un proceso de paz, al que habrá de llegarse más temprano que tarde. El presidente Juan Manuel Santos lo sabe y por esto ha estado vinculado en el pasado a diferentes búsquedas de negociación política en diferentes gobiernos. Y por esto el ministro de defensa, Rodrigo Rivera, al tiempo que daba el parte de victoria militar al campamento madre de las Farc, llamaba al jefe máximo ‘Alfonso Cano’ a la rendición. A una entrega y aceptación de entrar en un proceso de paz sobre la base del respeto como ser humano y como comandante de un grupo insurgente que se tornó en terrorista. La siembra de rencores y la profundización de las rencillas que se ha acentuado en el país, no conducen a la construcción de nuevos escenarios. Esos que ha empezado a trazar con vigor el nuevo gobierno y que afectan problemáticas históricas y claves para lograr transformaciones de fondo para que atravecemos el surco de la violencia. De allí la importancia de que los compromisos adquiridos por el presidente Santos, por ejemplo en la política de tierras, lleguen a buen puerto.Los colombianos no podemos seguir repitiendo la historia con soluciones coyunturales. Está claro que por más degradación que haya tenido el conflicto de nuestro país, en la base de este hay problemas sociales serios que se requieren resolver. El plan de consolidación pensado como la alternativa para recuperar el campo colombiano con el retorno de los campesinos a cultivar sus parcelas, con base a una significativa inversión social que permita que los pueblos recuperen su vida, debe poder generalizarse. Y los líderes regionales, empezando por los políticos locales, deben comprometerse con ese propósito de reconstrucción nacional, para que la violencia sea algún día parte del pasado y no la amenaza latente pendiendo sobre la vida de todos.El Presidente lo entiende y por eso su reacción: su manera de expresarse no es triunfalista ni pendenciera. Sabe utilizar otros lenguajes. Sabe hablar de reconciliación sin vergüenza ni pudor, sin confundir la voluntad de construcción de una unidad nacional con debilidad o complacencia con la subversión. No es el momento para plantearlo, pero ya lo había dicho: “La puerta del diálogo no está cerrada con llave”, y si la derrotada guerrilla de las Farc lo entiende, la muerte del ‘Mono Jojoy’ puede ser el comienzo de una nueva etapa en la vida del país. Que todos en el fondo anhelamos y que sería la condición para poder hablar de la verdadera senda del progreso.

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