Cuando los presidentes se vuelven gangsters

Marzo 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Da vergüenza ver al ex Presidente Lula Da Silva y a la presidenta Dilma Rousseff actuando con la complicidad de dos gangsters para evadir la Justicia y salir impunes de la megacorrupción que corroe el gobierno del Brasil. La conversación que se filtró es la de dos cómplices escondiendo un delito: Dilma: Lula, mira, una cosa. Lula: Hola, querida mía. Dilma: Estoy mandando al “Bessias” (ministro de Hacienda) con el papel para que lo tengamos. Solo úsalo en caso que sea necesario, que es el documento de nombramiento. ¿Ok? Lula: Ajá. Está bien. Está bien.Reveladora para demostrar que se trataba de una maquinación para despejarle el camino al expresidente para enfrentar los cargos de desvío de fondos y sobornos en Petrobrás hasta por 8.500 millones de dólares, no como un ciudadano cualquiera sino bajo el estatus de protección judicial que disfrutan los altos funcionarios del gobierno y los congresistas y poder ser juzgado por el Tribunal Supremo Federal.Regresaba Lula a jurar ante su pupila, la vilipendiada Vilma Rousseff, a ese mismo Palacio donde gobernó con brillo entre el 2003 y el 2010, pero esta vez no era para buscar hacerle la vida mejor a sus coterráneos sino para salvar su propio pellejo. ¡Que tristeza Lula! Que pobre condición humana ha mostrado en el epílogo de su vida, cuando como obrero mecánico con su fuerza y su carisma logró hacer del Partido de los Trabajadores una fuerza trasformadora en el Brasil y con su liderazgo social convertir a su país en una potencia económica, capaz de disminuir drásticamente los índices de pobreza y desigualdad. Su condición de jefe del gabinete de la desprestigiada Rousseff no duró más de una hora cuando el rigor implacable del juez Sergio Moro produjo una destitución express. La jugada no solo no les salió sino que enterró lo poco de prestigio que le quedaba y arrastró hacia el despeñadero definitivo a la Presidenta quien muy seguramente no resistirá sentada impávida en su sillón la presión de millones de brasileños empeñados en sacarla de allí. Da rabia escuchar el discurso retórico del Partido de los Trabajadores defendiendo los intereses populares cuando a espaldas de la gente estaban haciendo fiesta con los recursos públicos. Y también recordar los sonidos guturales de la expresidenta argentina Cristina Fernández de Kirchner rasgándose las vestiduras por “el pueblo” mientras se tejía una red de corrupción que también ha sido destapada con videos trasmitidos por la televisión. Imágenes de sus amigotes vecinos de Río Gallegos contando fajos de billetes de dólares en el sótano de un edificio, producto de transacciones corruptas con recursos públicos del quebrado Estado argentino que dejó la Kirchner. Celebraban con whisky mientras maquinas contaban y organizaban los fajos que irían a las arcas de la familia K, como los llaman en el Sur.La lista de presidentes latinoamericanos convertidos en gangsters es larga: el presidente de Guatemala Otto Pérez cayó por liderar una mafia de ministros y funcionarios responsables de una millonaria defraudación aduanera. A Martinelli, el expresidente panameño, lo persigue la Interpol. Fujimori va a encontrar la muerte en una cárcel del Perú, confirmando todos que la corrupción es el cáncer de la política sin importar si se es de derechas o de izquierda, capaz de exterminar cualquier ilusión.

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