Cuando los jóvenes actúan

Cuando los jóvenes actúan

Febrero 04, 2011 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

El asesinato cruel a mansalva que hizo el patrullero Misael Ruiz Quintero de una perrita indefensa en Puerto Tejada, generó una reacción juvenil indescriptible. En dos horas ya había 25.000 muchachos conectados en la red, pidiendo castigo para los asesinos. En seis horas sumaron 50.000. Expresaban indignación y rabia a través de mensajes cortos, como todo lo de ellos. Llevo horas tratando de entender por qué la muerte de un animalito genera una reacción de esta magnitud, en contraste con el silencio y la indolencia frente al asesinato de cualquier muchacho de su generación, de los muchos que suceden a diario en las ciudades y el campo colombiano. Los entierran anónimos, sin despedidas, sin saberse de donde llega la bala, o la cuchillada o el palazo. La presión vía las redes sociales fue mayúscula y el general Naranjo acusó la sanción social. Entendió que tener en la institución a un muchacho de 28 años capaz de tanta crueldad y sevicia representa una amenaza para la ciudadanía que, supuestamente, tiene que cuidar y defender. Llevaba cinco años en la Policía. El asesino quedó fuera de la institución en cuestión de horas. Cuando los jóvenes se lo proponen, mueven montañas. Basta ver la rebelión de Egipto. El motor nuevamente ha sido la rabia juvenil. Una generación que ha crecido bajo el régimen autoritario de Mubarak y que, hartos de arbitrariedad y corrupción, dijeron basta. Las calles de El Cairo se llenaron de vitalidad y coraje y estas miles de voces están logrando la transformación política que la diplomacia norteamericana no ha querido, tercamente, propiciar hace décadas. Son las mismas voces que llevaron, contra todo pronóstico, hace dos años y medio a Barack Obama al poder y que le exigen hoy no más complicidad con una dictadura disfrazada de democracia. Los nuestros, en Colombia, no se conmueven fácil. Lo hicieron, que recuerde, contra las Farc en aquel febrero que marcó un punto de quiebre en la relación del país frente a la guerrilla y que derivó en las liberaciones unilaterales de los secuestrados. Y después vino el entusiasmo de la ola verde, efímero y fugaz, que se lo llevó el viento sin conseguir dejar cimientos para la renovación de la política. Cuando los jóvenes se proponen algo lo logran. Está claro. Pero no están claras las motivaciones y es un misterio por descubrir qué les hace mover la aguja, qué les toca las fibras de la sensibilidad o del entusiasmo. De dónde sale la energía con la que por instante derrotan la abulia y el sopor que se las gana con tanta frecuencia. Ellos, en general, prefieren no enfrentarse a los noticieros de televisión con sus muertos cotidianos y los escándalos de corrupción. Rechazan la política sin distinguir nombres ni caras, señores encorbatados que hablan sin suscitarles interés alguno. El país real no les despierta entusiasmo ni compromiso. Su microcosmos lo alimentan en facebook y fue por este medio, precisamente, por el que se enteraron del episodio de crueldad humana contra la perrita. Hoy ya se olvidaron del tema. Su satisfacción personal vuelve a ocupar el primer plano. El desafío es comprometer a estos 14 millones de muchachos en la construcción de un país mejor. Una misión que parece imposible.

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