Crueldad bajo la sotana

Marzo 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

No voy a mencionar su nombre por respeto a su intimidad. Todavía recuerdo sus relatos combinados de llanto y rabia con la imagen recurrente y atropelladora del sacristán de un prestigiosísimo colegio bogotano, acosándolo. Y luego abusándolo. Una realidad no similar, sino exacta a aquella que se muestra en la película ganadora del Premio Oscar Spotlight, traducida en Colombia como En primera plana. El impactante film fue premiado también por el mejor guion original y el Premio que otorgan el sindicato de guionistas y sindicato de actores. Está documentada en un caso ocurrido en la Diócesis de Boston, en la que el cardenal Bernard Francis Law estuvo al corriente de cientos de casos de pederastia y decidió encubrir a quienes los perpetraron. Un comportamiento que se repitió en muchas diócesis del mundo.Mi amigo se refería, igual que hicieron las víctimas que relatan sus historias desgarradoras en la película, a la dificultad que tiene cualquier niño de diez años para discernir, cuando un adulto con la autoridad que da una sotana, símbolo de una supuesta relación privilegiada con Dios, lo invita con sigilo a un encuentro secreto. El niño se siente escogido no solo en la tierra sino en el cielo. Las probabilidades de contradecir la voluntad del clérigo son casi nulas. Desde el momento en que acepta la primera invitación queda fatalmente atrapado en una complicidad pecadora de la que difícilmente puede escapar y se instaura un mecanismo perverso construido desde una autoridad protegida por la institucionalidad de la Iglesia Católica. El silencio entra a formar parte de un código humillante que permanece con su a martilleo insistente en la mente y el alma del niño que crece atemorizado, encerrado en su pequeño infierno interior. Aislado. Taciturno y solo, marcado por una cicatriz difícil de borrar como cuentan reiterativamente quienes han padecido este flagelo.Mi amigo logró liberar su dolor, sacudirse los fantasmas de la culpa con la creación. La violencia soterrada, hipócrita y clandestina que sufrió, el abuso del sacristán lo plasmó en unas primeras telas furiosas y duras en las que los íconos sagrados terminaron salpicados de sudor y sangre. A sus cincuenta años es un gran artista que trascendió esa temática y de su catarsis inicial surgió un creador exitoso internacionalmente que lo único que tiene claro es que por su mente no le pasa la posibilidad de regresar a Colombia y menos al prestigioso colegio bogotano que recuerda como una pesadilla donde además padeció el bulling de sus compañeros que lo alejaron de poder tener una infancia tranquila.En primera plana es un también un homenaje al periodismo investigativo, tan escaso ya; al coraje de periodistas y directivos del Boston Globe, reconocidos con un Premio Pullitzer, que nunca cedieron a las presiones hasta conseguir destapar la olla podrida en los niveles más altos de la jerarquía eclesiástica de Boston con la complicidad del cardenal Law a la cabeza quien terminó protegido por el papa Juan Pablo II y quien vive una vejez plácida en Roma. Es también un mensaje al papa Francisco para no quedarse en la retórica y ponga a actuar la Comisión contra la pederastia que creó en El Vaticano y logre salvar a miles de niños de esta iniquidad: una crueldad encubierta por una sotana.

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