Como el cangrejo

Abril 26, 2013 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

De nuevo el Senado colombiano mostró que es ciego, sordo y mudo frente a la realidad de los tiempos. Se resisten a aceptarla. Resuena la bazofia del senador Roberto Gerlein, quien logró convertir un debate de fondo asociado a los derechos ciudadanos y a la libertad -como es la opción sexual-, en un sartal de chistes inocuos, que terminaron calando entre sus colegas. Los congresistas que no dan su brazo a torcer votaron 51 votos en contra, 17 a favor y 32 cobardemente se resguardaron en las oficinas para no dar la cara y no asumir una posición clara. El gobierno Santos pasó de agache y se dice que el Presidente prefirió no comprometerse abiertamente por cálculo político: en mayo estará frente a frente con el papa Francisco y prefirió entonces tener una posición políticamente correcta frente a las posturas discriminatorias de la Iglesia Católica, en vez de asumir una posición de avanzada como se lo exigiría su supuesto ideario liberal.Si bien la clase política sacó nuevamente sus cargas retardatarias y obtusas, la posibilidad delas parejas gay de formalizar sus uniones sigue teniendo vigencia gracias a la sentencia 577 de la Corte Constitucional de junio del 2011, que mayoritariamente respaldó la ponencia positiva del exmagistrado Juan Carlos Henao. El asunto se quedó en una discusión semántica que impide mencionar la palabra matrimonio entre personas del mismo sexo, pero en la práctica, a los congresistas les salió el tiro por la culata porque los notarios están obligados a formalizar las uniones como un contrato civil con los mismos derechos de cualquier pareja heterosexual.La Corte, quizás previendo esta decisión legislativa, blindó su decisión de manera que si los congresistas intentaban atravesarse, como sucedió, la población Lgtb, no quedara sujeta a la discriminación. Sin embargo no permitirles el casamiento con todas las de la ley es una forma de mantenerlos segregados de la sociedad.Para los gay es un tema de lucha por la dignidad y contra la discriminación. Y tienen razón. No hay nada que indigne más , hasta generar violencia, que la exclusión y pretender que en Colombia pueda haber ciudadanos de primera o de segunda. A la hora de la verdad, el debate arrastra una connotación ideológica y cultural que refleja el nivel de intolerancia que se mueve en la sociedad colombiana con el Congreso como epicentro. La reticencia a los cambios es impresionante. Hasta hace poco para divorciarse había que llegar a Roma, el matrimonio civil era un anatema y el amancebamiento daba para excomunión.Finalmente las leyes son para buscar intentar armonizar las prácticas sociales y la convivencia. Por más que los legisladores insistan en ir en contravía, los hechos son tozudos y con el tiempo terminaran imponiéndose. Adecuándose. Igual sucederá con la eutanasia, que han obstaculizado en contra de la jurisprudencia de la Corte Constitucional. La gente finalmente descubre los caminos y con el acompañamiento de médicos sensatos han encontrado la manera de evitar alargar el sufrimiento de los enfermos terminales, así a los ‘Padres de la Patria’ no les guste. Ellos seguirán como siempre, caminando para atrás, como el cangrejo. Por algo es la institución más desprestigiada de Colombia.

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