Camus y sus lecciones de periodismo

Junio 01, 2012 - 12:00 a.m. Por: María Elvira Bonilla

Fue el mismo Albert Camus quien describió el periodismo como la profesión más bella del mundo. Hace unas semanas la periodista francesa Macha Séry descubrió un texto de tres páginas escrito por Camus para Le Soir republicaine cuando estaba acogotado por el miedo a la invasión alemana y la creciente cobardía de las élites políticas y periodísticas que parecían estar dispuestas a entregarse. Era el 25 de noviembre de 1939 y las tensiones crecían. Y aquí van los apartes centrales de su reflexión: “Es difícil evocar hoy la libertad de prensa sin ser tachado de extravagancia, acusado de ser Mata-Hari o siendo convencido de que eres sobrino de Stalin”. Así empieza el artículo (…). La libertad de prensa es sólo una cara más de la libertad tout court”, y la “obstinación en defenderla obedece a que, sin ella, no habrá forma de ganar realmente la guerra”.Los medios y condiciones para que un periodista independiente no pierda su libertad ‘ante la guerra y sus servidumbres’ son cuatro: lucidez, rechazo, ironía y obstinación. La lucidez, porque “supone la resistencia a los mecanismos del odio de la ira y el culto a la fatalidad”. Según Camus, “un periodista, en 1939, no se desespera y lucha por lo que cree verdadero como si su acción pudiera influir en el curso de los acontecimientos. No publica nada que pueda excitar el odio o provocar desesperanza. Todo eso está en su poder”.“Frente a la creciente marea de la estupidez, es necesario también oponer alguna desobediencia”, continúa Camus. “Todas las presiones del mundo no harán que un espíritu un poco limpio acepte ser deshonesto”(…). “Es fácil comprobar la autenticidad de una noticia. Y un periodista libre debe poner toda su atención en ello. Porque, si no puede decir todo lo que piensa, puede no decir lo que no piensa o lo que cree que es falso. Esta libertad negativa es, de lejos, la más importante de todas”, ya que permite “servir a la verdad en la medida humana de sus fuerzas”, o “al menos rechazar lo que ninguna fuerza le podría hacer aceptar: servir a la mentira”.La tercera condición para ser libres es la ironía: “La ironía es un arma sin precedentes contra los demasiado poderosos. Completa a la rebeldía en el sentido de que permite no sólo rechazar lo que es falso, sino decir a menudo lo que es cierto”.Para cumplir lo anterior, la cuarta regla indispensable es “un mínimo de obstinación para superar los obstáculos que más desaniman”, a saber: “La constancia en la tontería, la abulia organizada, la estupidez agresiva”.¿Y después de la guerra?, acaba preguntándose Camus. “Hará falta probar con un método del todo nuevo que sería la justicia y la generosidad. Pero esto sólo se expresa en los corazones ya libres y los espíritus todavía clarividentes. Formar esos corazones y esas almas, o mejor despertarlos, será la tarea a la vez modesta y ambiciosa que tocará al hombre independiente. La historia tendrá o no en cuenta estos esfuerzos. Pero habrá que hacerlos”.Han pasado casi 70 años para que se conozca la reflexión de un hombre que hizo de la palabra y el pensamiento su principal arma de lucha y, sin embargo, esta tiene toda la vigencia. Las democracias han avanzado pero la tentación de los poderosos a amordazar siempre está presente.

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